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Información sobre discapacidad. |
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Autor: Demetrio Casado Pérez.
Secretario Ejecutivo
del Real
Patronato de Prevención y de Atención a Personas con Minusvalía.
Las exigencias y posibilidades éticas y de estilo de las distintas manifestaciones de la comunicación social son muy diversas. De ello resulta la imposibilidad de establecer pautas o normas de aplicación general. Habrá que abordar cada tipo o clase de comunicación masiva si queremos llegar a formular proposiciones pertinentes y apropiadas. En pro de ello formulo seguidamente una propuesta de bases para la elaboración de pautas relativas únicamente a la comunicación social básica:
1. Cobertura proporcionada a
la importancia de los problemas y las soluciones.
2. Legitimidad de la
comunicación mediante formatos generales y especiales.
3. Presentación tanto de
potencialidades como de limitaciones relevantes.
4. Abordaje comprensivo y
contextualizado.
5. Capacidad crítica de
los profesionales.
6. Salvaguarda de la
dignidad individual y colectiva.
7. Preeminencia de la
persona sobre la discapacidad.
8. No construir
identidades sociales sobre la discapacidad.
9. Atención a las
novedades relativas a la discapacidad.
10. Atención a las
soluciones independientemente de su respaldo corporativo.
11. Acceso de las
personas con discapacidad al ejercicio de la comunicación.
12. Comunicación básica
accesible.
1. La discapacidad tiene una reconocida dimensión social. En virtud de ella y al margen de contratos o concesiones benevolentes de mercadotecnia social, es acreedora de la función informativa. Obviamente, la extensión e intensidad de la cobertura deben quedar al buen criterio de los gestores de los medios de comunicación social que están en condiciones de ponderar el interés de los distintos asuntos. Se estima, en todo caso, que los temas relacionados con la discapacidad parecen llamados a una atención informativa creciente, al menos por estas dos circunstancias: a) el incremento de la prevalencia de la discapacidad, como consecuencia de las mejoras sanitarias, entre otros factores, es fuente de continuos hechos noticiables; b) lo mismo cabe decir de la progresiva ampliación de actuaciones posibles para prevenir o tratar las deficiencias y sus secuelas personales y sociales.
2. Se recomienda presentar la discapacidad en relación con los ámbitos en la que la misma se genera y se trata (economía, política, salud, empleo) y, por consecuencia, en las secciones correspondientes. Ello no obstante, resulta plenamente legítimo, como para cualquier otro asunto de importancia, la producción de revistas y programas especializados.
3. Supuesto que el compromiso comunicacional con la discapacidad debe redundar en representaciones comprensivas, exactas y ecuánimes de la misma, será procedente mostrar, en cuanto resulten relevantes desde un punto de vista informativo, tanto las limitaciones como las potencialidades de los afectados y de las soluciones a sus problemas. Esta pauta permite que la comunicación básica se mantenga independiente de la comunicación promocional, quedando a salvo su credibilidad.
4. Una comunicación comprensiva no se limitará a reflejar descriptivamente los hechos directamente observable, sino que llegará a mostrar sus circunstancias contextuales y factores causales. Se trata de alcanzar la relación de la discapacidad con las estructuras y procesos sociales en que se genera y cursa, así como sus implicaciones corporativas e institucionales (la penetración informativa más allá de las apariencias obliga a asumir la pluralidad de representaciones)
5. La comunicación básica debe prevenirse de las presiones ejercidas, no sólo y obviamente por mediatizaciones venales, sino también por apelaciones bienintencionadas a la piedad y la conmiseración. A tal efecto, aparte de la adecuada disposición personal, resulta pertinente que los profesionales alcancen una visión crítica del hecho de la discapacidad y de su contexto social básico, asociativo, institucional y técnico.
6. No parece legítimo esperar ni pedir a la comunicación básica que se ponga al servicio de la promoción de imagen de las personas con discapacidad, pero sí le es exigible éticamente que tenga especial cuidado en no dañar la identidad individual o colectiva de las personas afectadas, así como en salvaguardar la dignidad de los propios productos informativos sobre la discapacidad. Se trata, en especial, de evitar la conversión de personas y grupos en personajes estereotipados, simples, deshumanizados, ajenos.
7. Se recomienda no sustantivar adjetivos como deficiente, discapacitado, minusválido o disminuido, y menos aún otros de significado plena e impropiamente negativo, como inválido. Resulta menos estigmatizante utilizar la expresión "persona con discapacidad" y equivalente. Lo importante, en todo caso, no es la forma lingüística sino la salvaguarda de la sustantividad de la persona y el carácter adjetivo de la discapacidad.
8. Salvo para colectivos o individuos que vinculan expresamente su identidad social con la discapacidad, parece conveniente, en función de la prevención del estigma, evitar la tendencia a presentar el menoscabo como núcleo de la condición social de las personas afectadas, en perjuicio de la atención que merecen en sí los fenómenos de la deficiencia, la discapacidad o la minusvalía, así como las acciones de prevención, rehabilitación, equiparación de oportunidades, asistencia de mantenimiento y cualquier otra.
9. La comunicación básica sobre la deficiencia, la discapacidad y la minusvalía debe tener en cuenta las variaciones y novedades que en cada tiempo y lugar surgen. Ha de evitarse el efecto corporativo por el que sólo son materia de información los hechos establecidos y objeto de atención regular de las entidades, soslayando las nuevas manifestaciones de la discapacidad. Pueden ser ejemplo de tales variaciones los siguientes casos:
10. También debe obviarse el efecto corporativo e institucional en la comunicación sobre soluciones, por lo que debe evitarse:
11. La comunicación básica debe propiciar la manifestación de las personas con discapacidad por sí mismas.
12. La información debe ofrecerse en formas estilísticas y físicas que la hagan máximamente accesible.
Madrid, noviembre de 1998.
XIII Seminario Iberoamericano sobre Discapacidad y Comunicación
Social.
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