DisWeb2000.

Información sobre discapacidad.

Salta el menú.

Principal - Accesibilidad - Artículos - Documentos - CIF - Legislación - Recomendamos - Recursos - Web accesible - Acerca de... - El autor


Profesionales, voluntarios… o militantes

Hace unos días tuve la ocasión de asistir a las Jornadas de la Coordinadora de Talleres de Cataluña. Ya van por su vigésimo quinta edición (que ya es tener constancia), lo cual habla muy a favor de su rigor en el trabajo y la coherencia de la actividad que desarrollan. Ello es merecedor de toda mi consideración y de mi personal felicitación. Con motivo de tan redondo aniversario (bodas de plata sería en otros ámbitos) abrieron las jornadas con una mesa redonda donde sentaron a ilustres profesionales y políticos que hace veinticinco años vivieron el inicio de este ciclo de Jornadas. Entre ellos estaba Antoni Vilá, profesor y amigo, que hizo una simpática y docta intervención. De todo lo dicho por el profesor Vilá me quedé con la referencia que hizo a los profesionales que, en aquellos tiempos y algunos en nuestros días, desarrollan su actividad en relación con las personas con discapacidad. De ellos decía que no tenía muy claro si eran profesionales, voluntarios o militantes por la causa de la integración de las personas con discapacidad.

Su intervención me hizo pensar y lleva días en mi mente ocupándola. Yo soy de esos “profesionales” que comenzaron hace ya veinticinco años y me sentí (me siento) plenamente reflejado en lo expuesto por el Sr. Vilá. ¿Realmente yo era un profesional formado adecuadamente para desempeñar la tarea que requería la atención de personas con discapacidad? ¿Me podría acoger mejor a la denominación de voluntario, ya que la remuneración económica que retribuía mi trabajo era escasa por no decir nula, teniendo en cuenta el alto grado de implicación personal que ésta conllevaba? ¿Era un militante por la causa de la integración de las personas con discapacidad, en una época de fuertes militancias políticas en nuestra incipiente democracia?

Esas y otras preguntas rondan por mi mente desde el momento en que escuché la intervención de Antoni (en cada ocasión nombro al ponente de diferente manera por no aburrir y por los diferentes roles que hacia mi persona desempeña). Lo que ahora escribo, posiblemente, es más un intento de aclararme yo que de expresar algo de lo que estoy plenamente seguro.

En aquellos momentos, hace esos veinticinco años, llegábamos a los distintos campos relacionados con la discapacidad sin una suficiente formación académica, ni un conocimiento práctico suficiente. La mala noticia es que hoy día sigue, de forma general, sucediendo lo mismo. La formación pedagógica, psicológica, sanitaria o social (por citar los campos más importantes) era, y sigue siendo, claramente insuficiente en lo que se refiere al conocimiento de la discapacidad. Unas leves nociones, habitualmente sesgadas, y teorías, muchas veces atrasadas, conforman el poco aprendizaje que sobre la materia recibían, y aún reciben, los futuros profesionales del “sector” (palabra que gusta mucho Cataluña). La manera de iniciarse y de relacionarse con el colectivo social que conforman las personas con discapacidad era diversa, pero con un origen común: el voluntariado. Posiblemente hoy día siga sucediendo de igual manera. Algunos llegaban a este campo por tener un familiar (habitualmente un hermano) con discapacidad. Otros lo hacían por principios religiosos e impulsados por el afán de hacer el bien, como les predicaban en su parroquia. También se llegaba por influencia de las ideologías sociales imperantes que pregonaban la igualdad y la libertad como principios básicos. Y no eran pocos los que simplemente querían cubrir cierto tiempo libre en actividades positivas y alejadas de los usuales entretenimientos deportivos. Sea de la forma que fuere, se ponía alegría a este trabajo y mucho ímpetu juvenil, pero sin suficientes conocimientos académicos. Pero ¿éstos eran rigurosamente necesarios?

Hace veinticinco años eran pocos, muy pocos, los puestos de trabajo que se movían en torno a la discapacidad. La iniciativa social (nunca suficientemente ponderada) ya había puesto en marcha algunos recursos para la atención, fundamentalmente, de niños con discapacidad en edad escolar y la Administración disponía de ciertos establecimientos residenciales donde se atendía a personas con discapacidad en situación de abandono. Poco más se podía encontrar. Los primeros, las asociaciones, con su ancestral carencia de medios económicos, preferían apoyarse en la tarea voluntaria o, como mucho, de escasa e insegura remuneración. Los segundos, desde la Administración, disponían de puestos de baja cualificación, y por tanto poca remuneración, para prestar las atenciones básicas que la clientela con discapacidad necesitaba en sus centros. ¿Qué podían esperar las nuevas hornadas de psicólogos, pedagogos, asistentes sociales (ahora trabajadores sociales) y los maestros que aspiraban a realizarse profesionalmente dentro del campo de la discapacidad? Aquellos que tenían la suerte de conseguir un contrato laboral lo hacían en una categoría inferior a su preparación académica, si bien el desempeño exigido posteriormente era más cercano a su formación. No era extraordinario encontrar a pedagogos que hacían programación de centros con un contrato de “cuidador”, por poner un ejemplo muy cercano a mi persona.

Pero llegó el “boom” de los servicios sociales especializados (si es que alguna vez existió realmente) y comenzaron a proliferar nuevos puestos laborales en el entorno de la discapacidad. El entonces INSERSO crea una red de centros y demanda mano de obra especializada (algunos tuvimos la suerte de entrar en esta oferta). Las asociaciones comienzan a recibir un escaso pero reparador sustento económico por parte de la Administración, que le exige poner profesionales formados al frente de los recursos que ya tiene en marcha y los que seguirá creando (no sé si llamar afortunados a los que lograron entrar en esta otra salida laboral). No decrece la vía del voluntariado como sustento principal de la atención a personas con discapacidad, pero sí crece exponencialmente la presencia profesional en los recursos relativos a la discapacidad.

La propia esencia del mercado de trabajo creado en torno a la discapacidad, con contratos precarios e infravaloración de la formación académica, mantiene en alto la necesidad de una militancia que cada vez olvida más lo social y día a día se adentra más en lo sindical. La secuencia no ha terminado. Yo diría que en los últimos tiempos ha, incluso, retrocedido a sus orígenes potenciando los valores morales en lugar de profundizar en las exigencias profesionales. Se ha vuelto, de alguna manera, a pretender “ser buenos con los pobrecitos impedidos”, olvidando la lucha por los derechos de las personas con discapacidad y la justa reivindicación de unos servicios profesionales y adecuados.

Llegados a este punto sigo en mi confusión sobre mi propia esencia, en lo que a mi relación con la discapacidad se refiere. ¿Soy un profesional, un voluntario o un militante que debe seguir, permanentemente, en la brecha?

Me gustaría pensar que cada vez soy más lo primero: un profesional. Es lo que me gustaría ser. Es lo que me gustaría que pensara la gente de mí. No abomino del voluntariado, aunque aspiro a que encuentre su marco real que no entre en conflicto con la profesionalidad requerida por ciertos servicios y recursos dispuestos para las personas con discapacidad. Lo que sí me temo es que la militancia no habrá manera de abandonarla. Tengo que buscar el justo equilibrio entre la profesionalidad, a la que aspiro, y la militancia, de la que no me puedo desprender. Espero no incurrir en el equívoco de actuar de una manera cuando debiera actuar de la otra, ni que la militancia indispensable domine y obstaculice mi desempeño profesional. Veremos si lo logro.

Carlos Egea García
13 de octubre de 2004

ÍNDICE DE ARTÍCULOS DE PORTADA.

Principal - Accesibilidad - Artículos - Documentos - CIF - Legislación - Recomendamos - Recursos - Web accesible - Acerca de... - El autor

Este sitio trata de ser accesible para todos. Si encuentras problemas al navegarlo, no dudes en ponerte en contacto con nosotros en:
disweb2000@ono.com.

Dirección de esta página: http://usuarios.discapnet.es/Portadas/13oct2004.htm