DisWeb2000.

Información sobre discapacidad.

Principal - Accesibilidad - Artículos - DocumentosCIF - Legislación - Recomendamos - Recursos - Web accesible - Acerca de... - El autor


Mas vale prevenir

Cuando era un niño mi madre solía emplear, para disculpar su permanente intervención ante la peligrosidad de nuestros juegos, la frase “más vale prevenir que curar”. Con ello trataba de hacernos conscientes de lo costoso que puede ser reponer lo perdido, sanar lo maltrecho o arreglar lo estropeado y lo beneficioso que es anticiparse y evitar las situaciones que pueden dañar. Supongo que yo no sería el único niño que recibiría esa constante y machacona postura materna, que sigo observando en las madres que me rodean. Pero no parece que ese temprano aprendizaje que fomentaron nuestras progenitoras (además de otras personas que intervinieron en nuestra instrucción) haya calado lo suficiente entre quienes tienen que aplicar medidas de actuación sobre la discapacidad.

En la habitual dicotomía entre la prevención y la rehabilitación/atención en discapacidad parece que sale beneficiada la segunda, en cuanto a intencionalidad de provisión de recursos y generación de políticas activas. Esto no ha sido siempre así ni se encuentra en igual medida en los campos de intervención en discapacidad. Recuerdo de mis tiempos jóvenes, cuando me formaba para ser un profesional y en mis primeros años de ejercicio, que se hacían grandes esfuerzos y se apostaba por la prevención de las deficiencias. De aquellos tiempos son producto un Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad (el término era técnico en esos días) y la inversión en medios y personal dedicado a la tarea de aminorar los efectos de la discapacidad por la vía de no dejarla aparecer.

En estos momentos no son pocos los que apuestan (o apostamos) por seguir predicando la necesidad de invertir (no sólo dinero) en la prevención. Pero ni somos tantos ni parece que nuestra postura llegue allá donde debería ser oída para que tuviera la pretendida repercusión.

¿Qué sucede? ¿Ya no se cree que la prevención sea la mejor manera de afrontar la discapacidad? ¿Se ha considerado que su costo es demasiado elevado para los logros que se puedan obtener? Éstas y otras son las preguntas que nos hacemos. Sabemos, porque así se ha venido afirmando con asiduidad, que la prevención es una buena inversión. En primer lugar, de tipo económico. He oído decir en foros de expertos que la inversión en prevención tiene una relación de uno a diez con respecto a la que tendría que hacerse en rehabilitación. Es decir, que un euro invertido en prevención podría suponer un ahorro de diez euros destinados a rehabilitación. Evidentemente éste es un cálculo que carece del rigor científico que exigiría un analista económico. No es sencillo poder verificar el ahorro que supone la no aparición de una determinada situación, que por demás desconocemos si va a producirse. Tratar de medir lo que no llega a suceder es tarea harto dificultosa y pocos se arriesgan a aventurarse en tal menester.

Pero el mayor beneficio de la prevención lo he escuchado en palabras de personas que están inmersas o cercanas a una situación de discapacidad. Recuerdo ahora lo que me decía la madre de un niño de aquellos que tienen una de esas “enfermedades raras” para las que sólo existen “medicamentos huérfanos” (algún día hablaremos algo más de lo que son y que suponen). Agotada y frustrada me decía: “Si pudiera girar las manillas de reloj hacia atrás hasta momentos anteriores a mi embarazo, sabiendo lo que sé ahora lo daría todo, incluso mi vida, por que se hubieran aplicado en mí las técnicas preventivas que ahora conozco”. También viene a mi mente la conversación mantenida con un universitario con tetraplejía a causa de un accidente en moto cuando conducía con unas copas de más: “Nunca me arrepentiré lo suficiente de no haber aprovechado los contenidos de una charla que se impartió en mi Instituto de Secundaria, en la que se insistía en las medidas de control ante el consumo de alcohol”.

Seguro que cualquiera tiene cerca de sí un ejemplo similar. Es muy posible que hasta en nuestra propia familia podamos encontrar algún descuido en la aplicación de medidas preventivas que haya conducido a una situación de discapacidad. Son estos efectos personales y sociales los que más nos mueven a hacer hincapié en la importancia de la prevención. Todos los esfuerzos que se puedan llevar a cabo para prevenir una deficiencia se verían harto compensados con saber que tan sólo uno de ellos podría estar fuera de su situación de discapacidad (sin querer ser esto un ataque por la vía sentimental).

Pero ¿a quién interesa la prevención?

La representación del colectivo de personas con discapacidad (como gusta llamarse) es cada vez más sólida y su presencia es requerida o reivindicada en la mayoría de los foros relativos a la discapacidad. Ingenuamente uno podría pensar que es desde aquí desde donde se deberían romper las lanzas más afiladas en pro de la prevención. Craso error. No pretendo decir que se olvide tal tema entre quienes representan los intereses de las personas con discapacidad. Pero a cualquier observador, por poco avezado que éste sea, le es evidente el escaso interés y dedicación que a la prevención se destina. Los temas que ocupan la primera línea de trabajo entre dichos representantes se centran más en lo ya presente entre sus representados: la discapacidad y las inherentes necesidades de atención. Incluso llegué a leer en un medio de comunicación de una entidad de máximo nivel nacional un alegato que parecía reivindicar “el derecho a la discapacidad” (puede parecer absurdo y supongo que fue motivado más por un problema de expresión que por una auténtica convicción en mantener tal extraña reivindicación).

En tal estado de cosas, queda en manos de ciertos profesionales la vanguardia de la defensa de la prevención como principal campo de interés ante la discapacidad. Pero en estos momentos vivimos tiempos en los que parece haber gran interés en reducir el protagonismo de los profesionales de la discapacidad (que ha sido desmesurado, ciertamente, en situaciones anteriores). Aquí recuerdo la anécdota del comentario realizado por un ilustre entre los mencionados profesionales que decía que estaba de moda hacer bandera de un lema nunca mencionado: “la discapacidad, para los discapacitados” (viniendo a cuento por un reciente revés recibido tras el encargo para realizar un plan sobre discapacidad, encomendado por una administración autonómica, que fue paralizado por una protesta “del colectivo” motivada por no haber sido dicho plan encargado y encabezado por ellos).

Nunca he dudado de la buena intención y sabiduría que tienen los consejos y aprendizajes que he recibido de mi madre. Por eso yo sigo convencido de que “más vale prevenir”.

Carlos Egea García
13 de mayo de 2004

NOTA: Agradezco la compañía que me hizo mi hijo Rodrigo durante la renovación de esta página. Espero que él un día sepa apreciar lo que hoy su padre escribe.

ÍNDICE DE ARTÍCULOS DE PORTADA.


Principal - Accesibilidad - Artículos - DocumentosCIF - Legislación - Recomendamos - Recursos - Web accesible - Acerca de... - El autor

Este sitio trata de ser accesible para todos. Si encuentras problemas al navegarlo, no dudes en ponerte en contacto con nosotros en:
disweb2000@ono.com.

Dirección de esta página: http://usuarios.discapnet.es/disweb2000/Portadas/13may2004.htm