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Después de tres meses

Tres meses es mucho tiempo (o no) para tener parado un sitio Web. Cualquier experto en la materia (la que se refiere al mantenimiento de contenidos en la Web) pondría el grito en el cielo ante tamaña dejadez. Pero está claro que no tengo excusa ni forma de esquivar el hecho mismo de haber dejado por ese espacio de tiempo sin renovar mi sito Web. Presento todas las disculpas que fueran necesarias a quienes de una forma u otra se hayan podido ver afectados por esta relajación personal (pues se trata de un sitio alimentado y mantenido por una sola persona: yo).

Realizado el acto de contrición (excluyendo lo que de divino tenga el término) pertinente, como introducción al tema a tratar, vayamos al nudo de la cuestión.

Hubo una vez un año al que se dio a conocer como Año Iberoamericano de las Personas con Discapacidad. Parecía ser que iba a ser una prolongación del anterior, al que se denominó Año Europeo de las Personas con Discapacidad. A éste último se le aderezó con una ingente oferta de actos y campañas en las que se pretendió limar ciertas deficiencias encontradas en el trato prestado a un considerable número de personas que, por sus circunstancias personales, se encontraban con una serie de desventajas con respecto al resto de sus congéneres. Se aplicaron fondos económicos salidos de arcas públicas (de distinto nivel, desde el local al comunitario) y de algunas privadas. Hubo sus críticas y alabanzas a la aplicación de dichos fondos, pero se concluyó en un general reconocimiento de que las cosas habían avanzado. Mas sucedió que para el denominado "iberoamericano" no existió la misma disponibilidad. Posiblemente por el esfuerzo realizado desde la parte más fuerte de ese grupo de países (en este caso España y Portugal) para dar respuesta al año que lo precedía.

Los dineros parecen estar siempre detrás de los avances que se puedan propiciar en la mayoría de los campos en los que el hombre interviene y son particularmente útiles en las cuestiones sociales. Ya sabemos que lo que se nos dice es que hay que cambiar mentalidades, que hay que propiciar espacios de encuentro y dotar a todos de igualdad de oportunidades, como si estas cuestiones pudieran venir de la mera reflexión personal y conjunta del ser humano. Es cierto, yo no voy a contradecir lo que de verdad puede tener dicha afirmación. Pero, nos guste o nos disguste, lo que proponen estos postulados no se consigue sin la intervención de la cuestión monetaria. Cuántas veces habremos podido escuchar, por parte de aquellos que elevan reivindicaciones, que las leyes están muy bien pero que éstas sin dotación económica no es más que papel mojado.

Pues mucho me temo (y conmigo unos cuantos millones de personas que presentan limitaciones funcionales a uno y otro lado del Atlántico en los "países iberoamericanos") que la falta de generosas dotaciones económicas se haya tras el fracaso en el que ha devenido el Año Iberoamericano de las Personas con Discapacidad. No ha sido un fracaso estrepitoso y, posiblemente, esto también habría que lamentarlo, ya que, de haber sido así, se estarían pergeñando estrategias para paliar los indeseados efectos nocivos que en la política hubiera podido tener. Ha sido un fracaso de tercer o cuarto orden. Un fracaso de los que se justifican diciendo "yo quería, pero no ha sido posible", como si la cosa fuera con otros y no con uno mismo. Un fracaso que afecta a personas que como ya partían de una posición muy retrasada no ha podido hundirlas demasiado más. Esto me recuerda aquella frase que se adjudica a Grucho Marx que decía: "Estábamos al borde del abismo y hemos dado un gran paso adelante". En este caso no se ha llegado a dar ese paso adelante, evitando las nefastas consecuencias que hubiera producido. Simplemente, parece que no ha habido avances o, al menos, así parecen advertirlo quienes se sienten implicados en el mundo de la discapacidad.

Ahora hay quien se alza con voces sobre la posible declaración de una "década" dedicada a la discapacidad. No puedo decir que me parezca mala idea. Aunque nos disguste, de los "días", "semanas", "meses", "años", "lustros" o "décadas" que se dedican a cualquier tema social siempre se han sacado frutos (aunque frecuentemente escasos). Me molesta, siempre me ha molestado, que tengan que existir esas referencias temporales para recordar la existencia de ciertas situaciones. Pero es algo sobre lo que poco, por no decir nada, puedo hacer y prefiero tener una visión positiva (que no optimista) sobre tan singulares celebraciones. Pero digo que a quienes están tras la idea de llevar a cabo esa "década para la discapacidad" deberían, ante todo, no olvidar la faceta económica. Aunque parezca miserable y reduccionista, me atengo a lo demostrado: sin dinero se hace poco.

Se avanza. Claro que se avanza. La situación de las personas con discapacidad en este comienzo de siglo poco tiene que ver con la que existía a comienzos del anterior. Pero, como me hacía observar hace poco alguien desde su silla de ruedas, mientras tanto los que tenemos que vivir esta situación día a día seguimos quemados.

Vayan desde aquí mis más fervientes votos por que este nuevo año nos traiga el máximo de realización de nuestras aspiraciones. Pero, sinceramente, lo hago con cierto deje pesimista. Se ve que me estoy haciendo mayor y mis fuerzas cada día las veo más limitadas y con ellas mis esperanzas.

Buen año 2005 a todos.

Carlos Egea García
13 de enero de 2005

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