DisWeb2000.

Información sobre discapacidad.

Principal - Accesibilidad - Artículos - DocumentosCIF - Legislación - Recomendamos - Recursos - Web accesible - Acerca de... - El autor


A Demetrio Casado en su jubilación

Nota sobre el título:
Este artículo apareció con el título "Demetrio Casado se ha jubilado". No me gustaba demasiado y he encontrado este nuevo título que me satisface más.

En primer lugar, debo reconocer mi admiración hacia Demetrio Casado Pérez, en sus distinta vertientes de persona, maestro, compañero de trabajo, jefe y profesional. No ha de esperarse, por tanto, que este artículo sea objetivo. Tampoco trato aquí de hacer una semblanza, ni recoger su extensa trayectoria profesional. No dispondría del sitio suficiente para hacerlo. Sólo intento plasmar algunas apreciaciones subjetivas y personales al hilo de su reciente jubilación, el pasado 31 de enero de 2004, que no me gustaría que pasara inadvertida.

Yo tuve la suerte de ser uno de los que se acercaron al mundo de los servicios sociales estudiando el "Manual de servicios sociales" que escribió Demetrio, en colaboración con Encarna Guillén. Probablemente ese fue mi primer contacto con el personaje (el contacto con la persona vendría más tarde). Desde entonces se abrió en mí una interna admiración por quien me abrió la puertas del mundo profesional que vengo desarrollando desde hace más de una veintena de años.

Como es lógico, la primera vez que vi a Demetrio fue en una disertación dentro de algún evento (lamento en este momento no recordar exactamente en cuál fue). Su sabiduría, que ya había apreciado por escrito, se trufó con la brillantez expositora que le ha caracterizado y que muchos admiramos. Hacía fácil de comprender aquello que tanto nos costaba asimilar. Sus ejemplos y su sabia ironía hacían grata la escucha y ameno el aprendizaje. No fue ésta la única vez que habría de oír disertar a Demetrio antes de conocerlo personalmente y, en todas y cada una de las veces que pude escucharlo, se iba acrecentando mi admiración por él.

Algunos años tuvieron que pasar antes de que, al finalizar una sesión matinal de uno de los Seminarios del Real Patronato, me acercara para hablar con Demetrio. En aquellos momentos se estaban suscribiendo convenios de colaboración entre el departamento que ha venido rigiendo a lo largo de veinte años y las Comunidades Autónomas. Llevaba el encargo de conocer los pasos que habríamos de dar desde la Región de Murcia para firmar nuestro correspondiente convenio. Con la lógica timidez que impone el acercarse a la persona admirada, me presenté y le expuse el objeto de mi acercamiento. La contestación no me pudo consternar más: "¿Te apetece comer con nosotros mientras charlamos sobre este tema?". No pude sentirme más indefenso y halagado a un mismo tiempo. Demetrio Casado no sólo consentía en charlar conmigo sino que me invitaba a compartir mesa y mantel con él y con otros nombres ilustres de las profesiones relacionadas con la discapacidad. Con toda la ilusión del mundo accedí y durante toda la comida me dedicó su atención. Demetrio no recordará esta anécdota, pero yo jamás he podido olvidarla. Supuso un importante hito que habría de marcar mi futuro profesional.

Durante años mantuve una relación institucional como portavoz de mi Comunidad en el convenio que unía a la Región de Murcia con el Real Patronato. No pasó mucho tiempo antes de que Demetrio me llamara a colaborar en uno de los Seminarios de su departamento, el Seminario Iberoamericano sobre Discapacidad y Comunicación Social. Eso dotaba a nuestra relación de un nuevo estatus, ahora éramos "colaboradores". Me podía sentar a la misma mesa que él y otros grandes profesionales, que estaban dispuestos a tratarme de tu y a escuchar mis aportaciones, siempre humildes.

Otra vuelta de tuerca se dio en la primera ocasión en la que me encargó la realización de un estudio sobre la imagen de la discapacidad en la prensa. Ahora no se trataba de simples aportaciones ante un grupo de expertos. Se trataba de, con la mayor seriedad, analizar datos y exponer resultados que ayudaran a comprender mejor el trato de la discapacidad en los medios de comunicación escritos. Un auténtico reto en alguien, como yo, que tenía todo tipo de inseguridades sobre sus propias percepciones. Con la ayuda de dos compañeros (Mira y Ripoll) llevamos a cabo el encargo y tuvimos que defenderlo ante distintos foros, que nos sometían al rigor de la ciencia. No salimos mal parados y eso me animó a seguir en la estela marca. Me quedaba claro que me gustaba la investigación social y que tenía ciertas facultades para comunicar los resultados de la misma.

Siguiendo con esos momentos especiales que jalonan mi relación con Demetrio, fue un momento muy especial para mí el que aconteció en uno de los procesos más difíciles por los que he pasado. El año 1997 lo tuve que pasar retirado de la vida laboral a causa de un depresión. Pero, a pesar de conocer mi estado, Demetrio contó conmigo y me propuso colaborar con Manuel Aznar (otro de esas personas que gozan de mi mayor admiración) para revisar los contenidos de un documento sobre el grado de aplicación de la LISMI. En concreto, el capítulo destinado al diagnóstico. Lo de menos es el resultado que esta colaboración pudo tener, que estimo que fue positiva, lo más importante era el espaldarazo que recibía de Demetrio en un momento donde otros muchos me habían abandonado como a un enfermo incurable. Creo que éste, junto a otros, fue uno de los factores decisivos en mi recuperación anímica, personal y profesional.

También fue Demetrio quien me ubicó en el mundo de la discapacidad. Yo tenía la perenne inquietud de no ser un especialista en nada relacionado con la discapacidad. Admiraba a cada uno de aquellos profesionales que gozaban de reconocimiento en sus correspondientes especialidades y yo me sentía incapaz de estar a la altura de ninguno de ellos. La clave me la descubrió un encargo que me hacía el Real Patronato para viajar a Republica Dominicana y asesorar en un complejo proyecto de una asociación nacional dedicada a la discapacidad de aquel país. En la carta exponía Demetrio el por qué de mi elección: ser un "centrocampista" de la discapacidad. No tenía profundos conocimientos en una especialidad pero sí me manejaba con soltura en muchos sectores de los que implican el trabajo con la discapacidad. Gracias a Demetrio, desde ese momento, me sentí más cómodo conmigo mismo y con la aportación de mi trabajo.

Nuestra relación, mucho más personal en esos momentos, se vio acrecentada en un momento de cambio para el Real Patronato. Una de las plazas de este departamento quedaba vacante y para ella requería un funcionario que estuviera dispuesto a trabajar al alto ritmo que Demetrio siempre ha impuesto y se ha impuesto. Más de un año le costó el conseguir que yo trasladara mi domicilio laboral de Murcia a Madrid y que me incorporara a la disciplina del Real Patronato. Su sola proposición de que yo era la persona idónea para colaborar tan de cerca con él ya era suficiente reconocimiento para mí. Pero su empeño y la paciencia que demostró esperando un año hasta que pude incorporarme a su equipo, es algo que jamás habré de olvidar.

Estos dos últimos años han sido, sin lugar a dudas, de auténtico lujo profesional para mí. Trabajando codo a codo y día a día con Demetrio y en una institución tan prestigiosa como el Real Patronato sobre Discapacidad. Si alguna vez tuve un sueño en cuanto a mi trayectoria profesional, este ha sido el poder trabajar con Demetrio y en el Real Patronato. Por lo tanto, creo haber podido cumplir con algo a lo que pocos pueden acceder. Ya sé que este tipo de cosas no se valoran en un currículum profesional, pero para mí el mérito profesional que siempre alegaré con mayor orgullo es el de haber trabajado estos dos años con un auténtico maestro.

Ahora Demetrio ha pasado a un distinto nivel. Desde su nueva situación de jubilado (¡qué injusto es desperdiciar a uno de los mayores exponentes de una administración por el mero hecho de cumplir años!), con su nuevo estatus de emérito, todavía habrá de aportar mucho a los servicios sociales y al campo de la discapacidad. Yo espero poder estar ahí. Espero seguir disfrutando de su consideración y de su amistad para que pueda querer contar conmigo como colaborador. Espero seguir aprendiendo de su experiencia y de sus conocimientos. Espero seguir disfrutando con su amena charla, con su amplísima cultura que torna en clase magistral un paseo por cualquier ciudad, con sus debates donde sólo triunfa la mejor fundamentada exposición, con sus sabias bromas y chistes que siempre sirven para aderezar un mejor conocimiento sobre un punto concreto. Espero y deseo que Demetrio no se olvide de mí, como yo jamás podré olvidarme de él.

Carlos Egea García
2 de febrero de 2004

ÍNDICE DE ARTÍCULOS DE PORTADA.


Principal - Accesibilidad - Artículos - DocumentosCIF - Legislación - Recomendamos - Recursos - Web accesible - Acerca de... - El autor

Este sitio trata de ser accesible para todos. Si encuentras problemas al navegarlo, no dudes en ponerte en contacto con nosotros en:
disweb2000@ono.com.

Dirección de esta página: http://usuarios.discapnet.es/disweb2000/Portadas/02feb2004.htm