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| La (re)organización estructural en la adolescencia: ¿Hacia una comprensión psicopatológica de los trastornos borderline de la personalidad. | |||||||||||||||||||||||||
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Por J.L.
Pedreira Massa,
Paidopsiquiatra.
Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid. Excelente artículo
que analiza la patología desde el aspecto psicológico y la experiencia
clínica de su tratamiento. Al igual que otros profesionales de la paidopsiquiatría, El Dr. Pedreria Massa, defiende en su artículo la búsqueda de caracteristicas comunes "pre-borderline", para abordar desde la niñez el posible problema que pudiera surgir durante la adolescencia. |
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INTRODUCCION
Uno de los enigmas que
adquiere mayor relevancia en las investigaciones actuales en
psicopatología del desarrollo, consiste en la dificultad de probar en los
estudios catamnésicos la continuidad versus discontinuidad entre psicosis
infantil, del adolescente y del adulto o entre cualquiera otro de los
procesos psicopatológicos, y en cuáles de ellos esta continuidad es
homotópica (estabilidad diagnóstica a lo largo de las diferentes etapas de
desarrollo humano) o bien heterotópica (persiste el trastorno mental, pero
se modifica en proceso diagnóstico). De esta suerte se abre una serie de
preguntas sobre lo transitorio en la infancia y la adolescencia: momentos
evolutivos, mutabilidad sintomática, "flexibilidad" de la infancia y la
adolescencia, regresiones temporales o comportamientos circunstanciales o,
como defiende RODRIGUEZ-SACRISTAN, cuadros de transición, entre otras
posibilidades. También se constata la aparición de varios cuadros
nosológicos con síntomas comunes (sobre todo caracteriales, psicopáticos y
deficitarios) con formas que tenían su inicio común en una presentación
clínica atípica. Estas razones son motivos suficientes para establecer una revisión del cuadro desde la perspectiva de la psicopatología del desarrollo, rama joven y con tendencias integradoras de diferentes aportaciones teóricas y clínico-psicopatológicas. ORIGEN DEL CONCEPTOYa KRAEPELIN (1.895) definió algunos cuadros en los que se detectaba la ruptura de alguna línea del desarrollo y, con posterioridad, aparecen fenómenos nuevos, no anunciados por la presencia de síntomas anteriores y, aunque posteriormente se presentaran de forma lineal, no aparecen en el cuadro clínico descrito en las psicosis clásicas. KRETSCHMER describió unos cuadros prodrómicos: esquizotimia o esquizoidía y ciclotimia o cicloidía; se consideran como etapas del desarrollo o predisposiciones constitucionales en diferente estado de evolución y desarrollo. Estos cuadros prodrómicos hacen más referencia al carácter, al comportamiento o al temperamento. Para muchos autores sería esa base constitucional la que actuaría como defensa o, incluso, como resistencia para una evolución hacia la psicosis, dando lugar a la presentación de cuadros clínicos atípicos. La escuela de CLAUDE señala que los síntomas clínicos solo se manifestarían ante la presencia de determinados conflictos que son significativos para el sujeto, lo que desencadenaría cuadros clínicos intermedios entre las psicosis y las neurosis. Posteriormente otros autores describieron un síndrome anunciador de una organización neurótica que se encontraba en vías de constitución, presentando un cuadro más o menos atípico, con fijaciones arcáicas o bien presentando un riesgo de descompensación o de desestructuración psicótica. Este cuadro se ha venido conociendo como neurosis de carácter. Pero son EISENSTEIN y su escuela los que en 1.949 crean la noción de "borderline". Para unos autores responde a una organización específica, mientras que para otros autores se refiere a una ausencia de estructura estable. RANK, EKSTEIN y ROSENFELD describen, por su parte, niñ@s atípicos o borderline que presentan un cuadro evocador de psicosis, pero cuya evolución clínica puede llegar a ser imprevisible. Como hemos referido con anterioridad que la serie DSM (DSM-III-R y DSM-IV) consagra este trastorno en el eje II, adquiriendo ya un estatuto de referencia con autonomía, al menos nosológica. Parece no existir continuidad entre las organizaciones borderline de la infancia y de la adolescencia, pero la reorganización pulsional que acontece en la etapa de la adolescencia hace que aparezca lo que RODRÍGUEZ-SACRISTÁN ha denominado como "síndromes de transición en la adolescencia", que adquiere una gran relevancia teórica y clínica. Entre alguno de estos cuadros de transición en la adolescencia y las organizaciones borderline de la edad adulta sí que se detectan lazos de continuidad, aunque no llegue a adquirir una identidad mimética o continuidad homotópica. REFERENCIA PSICOPATOLOGICASe observa con frecuencia en este tipo de pacientes alteraciones y perturbaciones tanto comportamentales como caracteriales, constituyendo organizaciones de la personalidad que se encuentran en la línea de separación entre las neurosis y las psicosis, por lo que pueden participar de características clínicas de ambas estructuras, pero de una forma precursora o atenuada. Son organizaciones caracteriales en las que el sentido deficitario que desarrollan son de tipo cognitivo y funcional, en particular, poniendo el acento en elementos más específicos, tales como la incapacidad para soportar las frustraciones, la intensidad de la angustia en situaciones de conflicto, distorsión del contacto con la realidad, facilidad para el paso al acto y al acting-out, dificultad para la expresión o metabolización fantasmática con lo que se presenta una externalización (al menos parcial) de los conflictos, pero siempre existe un respeto muy variable (pero en todo caso bastante importante) de algunos sectores del yo. La perspectiva genética (CHAZAUD, DIATKINE, GREEN, KATAN, LEBOVICI, MÂLE, MASTERSON, MISÉS) señala fases de organización prepsicóticas con el desarrollo de síntomas atípicos, resaltando que los fallos se sitúan a nivel del establecimiento del narcisismo primario. Los planteamientos estructurales (BERGERET (Fig. 1), KENBERG, KNIGHT, LANG (Fig. 2), MENNINGER CLINIC, RANGELL) hacen énfasis en las perturbaciones estructurales muy arcáicas y, de forma simultánea, anteriores y diferentes de las posiciones o núcleos psicóticos, neuróticos y caracteriales. En general, serían formas clínicas de a-estructuración con varias posibilidades de evolución posterior (caracterial, perversa, psicosomática). Es decir no es que se obtenga de partida una estructura, aunque sea dañada o se rompa con posterioridad, sino que en estos pacientes no llega a adquirirse con consistencia una estructuración personal.
Caracteres psicopatológicos (Tabla I) En nuestra opinión estos procesos no se tratan de un diagnóstico clínico, ni de un cuadro nosográfico, sino de un intento de comprensión de algunos síndromes atípicos, sobre todo basados en estudios psicopatológicos y estructurales, por ello reúnen las siguientes características: polimorfismo clínico; labilidad de los cuadros sintomáticos, junto a una cierta rigidez de las formas de comportamiento; una evolución incierta y la coexistencia de mecanismos variados, habitualmente inmersos en otras estructuras más definidas. MILLON realiza una relevante aproximación clínica a este tipo de trastornos (Fig. 3) en el que destaca dos aspectos fundamentales: los ámbitos clínicos y los perfiles de funcionamiento personal:
WINNICOTT completa esta visión con lo que denominó con la expresión "pseudoself", dando contenido a una cara para la relación interpersonal social y otra para el funcionamiento interno que, en un periodo de tiempo variable, se mezclan ya aparecen como clínica muy contradictoria y con características difusas, pero que dan idea de la gravedad subyacente bajo una apariencia de caprichos, conductas iracundas y respuestas del tipo acción-reacción. HELEN DEUTSCH denominó este tipo de contenido interno contradictorio e inconsistente en su repercusión exterior como "funcionamiento como si...", símil atinado donde los haya. Siguiendo estas consideraciones, MILLON habla de patrones clínicos o estilos clínicos: desanimado (sumisión que evita la competición, escasa iniciativa, con un estado latente de tristeza y depresión; sus vínculos son intensos con muy pocas personas, pero parece que ponen todo en este vínculo, cuando en realidad es inseguro; precipita de forma contínua conflictos y malestar, ya que cualquier cosa pasa a ser una carga; lo que origina un sentimiento creciente de soledad, abatimiento e indefensión; las autoacusaciones de falta de valor no son más que el resultado de su propio sentimiento de culpa); impulsivo (privados de las atenciones que solicitan, pueden intensificar las estrategias de seducción e irresponsabilidad; aparecen con irritabilidad, labilidad, escasa capacidad de atención y facilidad para distraerse; en ocasiones precisan de animación superficial y frenética, con euforia superficial: jactancia, compañerismo frenético, insaciable necesidad de contacto social, cambios continuos de actividad y terminan en franca hipomanía; su intención de atraerse la atención y cuidado de los demás fracasa de nuevo con rechazos frecuentes, lo que les puede sumir en la desesperanza y desprecio por sí mismos y aparece la duda que genera más duda); petulante (imprevisibles con comportamientos inquietos, irritables, impacientes y quejumbrosos; aparecen con cierto afán de desafío, pero con franca insatisfacción, pesimistas, resentimiento, hoscos y testarudos; se desaniman con facilidad, tienden a la envidia y se sienten maltratados por la vida; temen la separación y persiguen ser comprendidos, por lo que la ambivalencia es punto destacado, con un gran dilema relacional: "acercarse o alejarse" del ser amado, no es extraño que piensen que compartir algo es darse totalmente y perder la independencia, pero permanecer sólo es sinónimo de aislamiento; la inmensa mayoría de los contactos personales no han podido satisfacer sus necesidades y nunca se sienten seguros en sus relaciones interpersonales; dudan entre la sumisión total y la resistencia tozuda) y el autodestructivo (dudan de sus actos, pues darse es perder independencia y la independencia comporta soledad; el resentimiento es muy relevante y terminan por detestar en quienes buscan seguridad o amor; no es extraño que aparezcan síntomas intensos de depresión; pueden tener antecedentes de gran sociabilidad y conformidad, pero sólo es apariencia y temor a la autonomía y se imponen una afabilidad con sacrificio y control; con los superiores aparentan cumplidores, serios y responsables; pero el dispendio energético termina con descargas de padecimientos psicosomáticos, ansiedad y depresión, la variabilidad del humor se hace extrema; son los que tienen más riesgo de suicidio). No obstante, para el clínico práctico o para realizar una peritación destacamos entre las características clínicas las siguientes:
Según dominen unos u otros síntomas pueden presentarse como sujetos débiles, caracteriales, hiperquinéticos, psicosis afectivas. En general tienen los siguientes contenidos clínicos: Persiste una relación relativamente adecuada con la realidad, con la posibilidad de mantener una diferenciación entre la realidad percibida y las proyecciones fantasmáticas. Pero esta relación se establece en precario y de forma frágil, con bruscos pasos de un campo al otro, sobre todo cuando aparece un sentimiento de inseguridad, ausencia de un objeto de amor (real o percibida como tal) o de una situación que facilite las proyecciones, entrañando una cierta incapacidad para diferenciar la realidad interna de la externa. Relaciones interpersonales
CONCLUSIONES INICIALES Independientemente de la etapa de discusión científica, sobre todo desde determinados grupos de Psiquiatría Basada en la Evidencia (PBE), existen cuadros clínicos que presentan una gran dificultad para buscar un encaje diagnóstico en las clasificaciones internacionales de los trastornos mentales al uso. De igual forma la perspectiva del desarrollo constata cuadros con una clínica disarmónica y con dificultades evolutivas, relacionales y del desarrollo muy patentes. Los profesionales se encuentran muy divididos en estas apreciaciones, las familias de estos pacientes se presentan muy demandantes y con sentimientos contradictorios. Demandan ayuda, pero temen una cierta vivencia de culpabilidad cuando se les aporta el diagnóstico y se les propone el tratamiento. El tratamiento no es sencillo. Parece existir un cierto consenso de establecer un tratamiento precoz y de forma continuada, la evidencia científica aporta la necesidad de tratamientos integrados: psicofarmacología, apoyo psicoterapéutico y psicoeducación familiar. La perspectiva de psicopatología del desarrollo nos ayuda a comprender algunas razones de ese emerger de la clínica en la etapa de la adolescencia: es el momento en que temperamento y carácter "coagulan" en una estructura de personalidad. El aspecto preventivo fundamental, de gran impacto para los clínicos y las familias en los planteamientos psicoeducativos, consiste en saber identificar los signos iniciales del emerger de algunos síntomas y signos temperamentales y/o del carácter que son verdaderos "trazos/rastros" de una evolución posterior del funcionamiento de la personalidad. Los más ortodoxos no consideran como "políticamente correcto" hablar de personalidad con anterioridad a la adolescencia, pero posiblemente omiten o soslayan esta perspectiva del desarrollo y que la personalidad no emerge por "generación espontánea", sino por un complicado proceso interactivo de factores de desarrollo: factores genéticos ("factor terreno" de Ajuriaguerra), factores relacionales familiares, factores educativos, factores sociales, factores del propio desarrollo individual y psicosocial. En definitiva es una compleja interacción de factores de vulnerabilidad (orden psicobiológico) y factores de riesgo (orden psicosocial) que se hacen sinérgicos en un momento crítico del desarrollo del sujeto. La personalidad, en sí misma, no es un proceso patológico. Es un elemento estructural de toda persona humana por el mero hecho de serlo. Pasa a ser trastorno cuando ese funcionamiento llega a dificultar u obstruir de forma significativa y relevante el desarrollo personal y/o social y/o relacional y/o cognitivo del sujeto. El abordaje es muy complicado, pues la percepción subjetiva de malestar psicológico resulta escasa (domina el aspecto proyectivo) y, por lo tanto, la posibilidad de solicitar tratamiento y seguirlo de forma adecuada es muy baja: Además la actitud familiar se presenta, de forma bastante reiterada, como contradictoria y ambivalente, cuando no francamente cansados de tanto devenir infructuoso y con resultados bastantes insatisfactorios. Precocidad en identificar los "trazos/rastros" de ese funcionamiento de la personalidad, precocidad en establecer un abordaje terapéutico integrado, precocidad en fomentar la adherencia terapéutica para asegurar precozmente la continuidad terapéutica, son sólo alguno de los elementos a tener presente para abordar estos casos complejos y con dificultades de diversa índole. COMPARACION ENTRE LAS LINEAS ESTRUCTURALES DE LA PERSONALIDAD
Fuente: J. Bergeret (1.980)
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