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Prevalencia de los trastornos de conducta y
emocionales en niños de 2-3 años.

FUENTE: PSICOLOGIA.COM. 2002; 6(2)

San Román Villalón, P.(*) ; Pedreira Massa
J.L.(**) ; López-Torres Hidalgo, J.(***); Bonete Yacer, J.M.(****);
Castelló Pons, T.(****).

(*) Psiquiatra Infantil. Unidad Salud Mental Infanto-juvenil de Albacete
(**) Paidopsiquiatra. Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid
(***) Médico de Familia. Centro de Salud Universitario Zona IV de
Albacete
(****) MIR de Psiquiatría. Unidad Salud Mental Infanto-juvenil, Albacete.
Este trabajo forma parte del que obtuvo el Premio Nacional de
Investigación Científica IMSERSO-2000.

Resumen
Se trata de un estudio observacional de carácter transversal en
el que la población del estudio se compone de niñ@s cuya edad está
comprendida entre los 2-3 años, que pertenecen al Centro de Salud Zona I
de Albacete. Se utilizó el CBCL de Achenbach como instrumento de screening.
La prevalencia de trastornos mentales en la población pediátrica fue del
25%.
Introducción
En la primera infancia (periodo comprendido entre 0-5 años de
edad) es difícil diferenciar los comportamientos que pueden ser
considerados como “normales” para esa edad y los comportamientos que
pueden ser considerados como “patológicos”. Ello se debe a varias razones:
el funcionamiento “normal” en el niñ@ pequeño puede caracterizarse por
fluctuaciones bastante amplias y diversas en el comportamiento diario,
además ciertos comportamientos “problemáticos” en niñ@s mayores, como
desafíos, desobediencia, pérdida de control... pueden incluirse en el
desarrollo normal de los niñ@s más pequeños. A estas edades existe una
gran dependencia del niñ@ de sus cuidadores, lo que obliga al clínico a
considerar en su estudio tanto al propio niñ@ como al vín que ha
establecido con las figuras parentales y otras personas de su entorno,
siendo frecuente que los diferentes informantes que tienen contacto con el
niñ@ puedan manifestar algún desacuerdo con la presencia y severidad de
los problemas de conducta presentes en el niñ@. Las descripciones que
hacen los padres acerca de su niñ@ varían en función de múltiples
variables, cada uno puede aportar datos válidos, aunque diferentes. Por
último, la mayoría de los problemas de conducta en los niñ@s pequeños no
se han aislado como categorías diagnósticas propias, con un contenido
claro y preciso, ni son aceptadas internacionalmente, hasta el punto que
algunos se hayan preguntado si realmente existen trastornos mentales a
esta edad o bien si solamente se encuentran síntomas de riesgo que puedan
desencadenar en etapas posteriores trastornos psicológicos (KOOT & col.
1991) (1). Algunos investigadores resuelven este problema utilizando
puntuaciones cuantitativas de la sintomatología que presentan los niñ@s y
evitan trabajar con categorías diagnósticas.
Por todo ello una forma de detección de patología en niñ@s preescolares
sería utilizar resultados cuantitativos derivados de procedimientos de
valoración estandarizados y comparar estos resultados con la muestra de
pares de la misma edad y sexo. Este es el sistema que se ha seguido en los
escasos estudios epidemiológicos que se han publicado sobre de la
psicopatología de la temprana infancia (Richman y col. 1975 (2); Earls y
col., 1980 (3); Achenbach y col., 1987 (4); Koot y col., 1991 (1)). Estos
estudios se han realizado en muestras de niños de 2 y 3 años, su interés
radica en que aportan datos sobre la prevalencia de las alteraciones en
niñ@s pequeños. En el último estudio citado, Koot y Verhulz (1) utilizaron
el “Child Behavior Checklist para edades 2-3” (Achenbach y col., 1987 (4))
y, a partir de la información obtenida de los padres, hallaron una
prevalencia de alteraciones psicopatológicas en un 7,8% de la población
general holandesa. En un estudio anterior utilizando un procedimiento
semejante se encontraron cifras más elevadas en Estados Unidos (Achenbach
y col., 1987) y Larson y col. (1988) hallaron en Canadá una prevalencia de
un 11,1%, algo inferior a la de los de USA.
En 1998 Robert y col. (6) revisaron 52 estudios que habían sido realizados
durante las cuatro últimas décadas para estudiar la prevalencia global de
los trastornos psiquiátricos en niñ@s y adolescentes y estiman que las 10
muestras de preescolares estudiadas presentaron una prevalencia media del
10,2% (media=8,3, intervalo=3,6-24%). Pedreira y Sardinero(1996) (7)
realizaron un estudio de prevalencia de trastornos mentales en la etapa
infantil sobre población que acude a consultas pediátricas y obtuvieron
una tasa de prevalencia de 30.2%, con lo que demuestra que los problemas
emocionales y comportamentales de los niñ@s son una parte importante en la
práctica pediátrica de nuestro entorno; afirman que solo 1/3 de los niñ@s
con trastornos mentales son derivados para evaluación y tratamiento al
servicio especializado de salud mental infantil, los 2/3 restantes o no
son identificados por los pediatras, o bien son asumidos por ellos mismos.
De cualquier modo se confirma, también en este estudio, la existencia de
morbilidad oculta en los problemas emocionales y comportamentales de los
niñ@s que acuden a las consultas pediátricas de atención primaria, sea
cual fuere la causa de su padecimiento (Costello, 1989).
El objetivo principal de este trabajo es conocer la prevalencia de los
trastornos de conducta y emocionales en niñ@s de 2-3 años de una zona de
salud de la Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha.
Material y método
1. Población de estudio: Elegimos para el estudio la Zona de
Salud I de Albacete. Se trata de un área muy: heterogénea en cuanto a
características físicas, poblacionales y socioculturales. Presenta una
gran disparidad en cuanto al nivel socioeconómico y familiar, existiendo
un pequeño grupo con un nivel socioeconómico medio-alto, el grupo más
numeroso tiene un nivel medio y medio-bajo y otro pequeño grupo con un
nivel muy bajo. Por lo que se puede asegurar que representa con cierta
exactitud el conjunto de la población.
2. En cuando a la metodología que hemos utilizado se trata de un estudio
observacional de carácter transversal. La captación se hizo mediante
muestreo consecutivo en las dos consultas de pediatría existentes en el
Centro de Salud Zona 1 de Albacete. De los 249 niños nacidos desde el 1 de
enero de 1995 al 31 de diciembre de 1995 en la Zona I de Albacete,
pudieron ser entrevistados 188, siendo la tasa de respuesta del 75,5%.
La captación de los sujetos de la muestra ha sido lo más costoso del
estudio ya que a los 2-3 años no existen consultas programadas con
Pediatría, no obstante a los padres se les había informado en las
consultas de pediatría que se iba a realizar este estudio. La captación de
la muestra se efectuó en cuatro etapas que exponemos a continuación: en
una primera etapa se llamó por teléfono a todos los padres de los niñ@s de
la muestra explicándoles el objeto del estudio y dándoles una cita en la
Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil para que acudieran a realizar las
pruebas. Fueron muy pocos los padres que acudieron. En una segunda etapa
los padres de los niñ@s de la muestra recibieron una carta conteniendo
información del estudio que íbamos a realizar y una cita para que
acudieran a realizar la entrevista. También respondieron pocos padres.
En una tercera etapa contactamos con los dos servicios de Pediatría del
Centro de Salud solicitándoles que derivaran a sus pacientes a nuestra
Unidad cuando acudieran por algún proceso somático agudo, ya que a los 2-3
años los niñ@s no forman parte de ningún programa de salud en el Centro.
Al no ser muchos los niñ@s que acudían derivados por los pediatras tuvimos
que comprobar y captar diariamente los casos que solicitaban consulta
pediátrica, en muchos casos acudiendo a la hora de su cita pediátrica. En
la última etapa se les visitó en sus domicilios y allí se realizaron las
pruebas. La recogida de la muestra se llevó a cabo desde diciembre de 1997
a Octubre de 1998.
En un primer momento, cuando las familias establecían contacto con
nosotros, se procedía a explicar el trabajo que pretendíamos realizar y
pedir su colaboración en el mismo. La mayoría de los padres -generalmente
madres- accedían gustosamente, sobre todo después de explicarles el
absoluto anonimato de los resultados hallados después del estudio. En la
mayoría de los casos las entrevistas se realizaron en la Unidad de Salud
Mental Infanto-Juvenil del Centro de Atención a la Salud. A los padres y/o
madres de los niñ@s se les realizó una entrevista, interesándonos por su
salud física y psíquica, posteriormente se les aplicó una Escala para
evaluar la conducta del niñ@: child behavior checklist 2-3 años (CBCL,
2-3) de Achenbach. En la mayor parte de los casos se les leyó en voz alta
todos los elementos del CBCL 2-3 en relación con su hij@ y se puntuaron
las respuestas de los padres. En algunos casos fueron los padres quienes
ellos mismos rellenaron el cuestionario en presencia del investigador para
poder resolver las posibles dudas a la hora de contestar las preguntas del
test. En algunos casos fue necesario desplazarse al domicilio de los
padres ante la imposibilidad de los mismos de acudir a la Unidad,
realizándose la entrevista en la forma expuesta anteriormente.
El Instrumento que hemos utilizado es el inventario de comportamiento
infantil de padres/the child behavior checklist for 2 to 3 years olds (CBCL/2-3)
(Achenbach,1987). Es un cuestionario que recoge de forma estandarizada,
con resultados cuantitativos, la descripción que los padres hacen sobre
los comportamientos y sentimientos de sus hij@s. Diseñada por Achenbach y
Edelbrock en 1983 siendo la aplicación para niños de 2-3 años del año
1987. Se trata de un instrumento para valorar el normal desarrollo general
del niñ@. La ejecución del test es realizada por los padres del niñ@
contestando a preguntas sobre ciertos comportamientos de éste, en la
actualidad o en los dos últimos meses, y al final hay un apartado en el
que pueden anotar cualquier cosa que les resulte extraña de sus hij@s y
que no haya sido mencionada en la batería de preguntas. Normalmente la
encuesta del CBCL puede ser autoadministrada, aunque estará presente el
responsable del estudio para resolver las dudas que pudieran surgir
durante su cumplimentación, haciendo esto, si se requiere, con criterios
objetivos. Se les pide que den una puntuación a cada pregunta de 0 a 2
según la siguiente forma: 0 = no es cierto; 1 = a veces, pocas veces,
medianamente; 2 = casi siempre o muy a menudo.
En cuanto a la medición de los resultados obtenidos en el CBCL 2-3, como
el número de ítems del cuestionario es de 100 y el máximo valor posible de
cada uno de ellos es 2, el rango de la puntuación TOTAL del CBCL puede
oscilar entre "0" (si todas las preguntas tuviesen "no es cierto" como
contestación) y "200" (si la contestación de todas las preguntas fuese
"casi siempre”).
Para determinar el tamaño muestral hemos tenido en cuenta el número de
sujetos que se necesitarían estudiar para estimar una proporción de
trastornos psiquiátricos en preescolares del 10% con una precisión de ±5%
y un nivel de confianza del 95 sería de 138 niñ@s. En nuestro caso se han
seleccionado 188, que corresponden a los recién nacid@s en el periodo de
enero a diciembre del año 1995 y pertenecientes al Centro de Salud Zona I
de Albacete, lo que permitirá alcanzar una precisión de ±4% con dicha
prevalencia. Los niñ@s fueron seleccionados mediante muestreo consecutivo.
Para el análisis descriptivo se utilizaron medidas de frecuencias,
porcentajes, medidas de tendencia central (media, mediana y moda) y
medidas de dispersión (desviación estándar, error estándar y varianza),
teniendo en cuenta su intervalo de confianza. La comprobación de la
consistencia interna del instrumentos utilizado (CBCL) fue realizada
mediante el Alpha de Cronbach. El conjunto del procedimiento estadístico
se realizó mediante el paquete estadístico informatizado SPSS. El análisis
también se realizó utilizando distintos puntos de corte (percentiles 25,
50, 75 y 95), teniendo como referencia las frecuencias de la puntuación
total y de las subescalas del CBCL en los cuatro percentiles.
Para estimar
la prevalencia de trastornos mentales en la muestra total estudiada
(N=188), los niñ@s que obtuvieron una puntuaron igual o por encima del
percentil 75 en la puntuación total del CBCL y en las 4 subescalas fueron
considerados casos clínicos, para obtener la prevalencia hemos aplicado la
fórmula:
Resultados
La muestra del estudio consistió en 188 niñ@s, existiendo un
mayor porcentaje de niños (56,4%) que de niñas (43,6%). (Fig. 1)
Fig. 1. Distribución de frecuencias según el
sexo.
La edad de los
niñ@s de la muestra oscilaba entre los 24 meses (el más pequeño) y los 46
meses (el mayor), siendo el rango más frecuente de edad de 31-36 meses
(42%), seguido a poca distancia del rango de 24-30 meses. En cuanto a los
rangos menos frecuentes encontramos el de 37-42 meses (17%) y el de 43-48
meses (2,7%) (Fig. 2).
Fig. 2. Distribución de frecuencias por
grupos de edad.
Respecto a la
escolarización de los niñ@s, la mayoría de los niñ@s estaban escolarizados
en guardería (48,4%) o en el colegio (9%), pero con poca diferencia
respecto de los que no estaban escolarizados (42,6%).
En cuanto al
nivel de instrucción del padre, la mayoría habían cursado E.G.B. (66,5%),
seguidos por los que habían cursado estudios superiores (13,3%), estudios
de Formación Profesional (11,7%), y estudios medios (6,4%), y el menor
pocentaje correspondió a los analfabetos (2,1%). El nivel de instrucción
de las madres, al igual que los padres, el mayor porcentaje correspondió a
las que habían estudiado E.G.B, presentando un porcentaje mayor que ellos
(69,7%). Habían realizado estudios superiores (11,2%) y formación
profesional (10,6%) un porcentaje discretamente menor que el de los
padres. El porcentaje de madres que tenían estudios medios era ligeramente
superior al de los padres (7,4%) y al igual que en los padres era escaso
el número de madres analfabetas (1,1%).
Respecto a la
profesión que tenían los padres y las madres (clasificación por sectores
económicos), aquellos en su gran mayoría pertenecían al sector de la
industria y de la construcción (59%), seguidos por los que pertenecían al
sector agrícola (33,5%) en el caso de los padres, un pequeño porcentaje al
de servicios (4,8%) o no tenían ocupación (2,7%). En el caso de las madres
la mayoría pertenecían al sector de industria y construcción (52,2%) o sus
labores (42,5%), un pequeño porcentaje pertenecían al sector agrícola
(3,7%) y al de servicios (1,6%). (Tablas 1 y 2)
Tabla 1: Distribución de frecuencias de la
profesión de los padres
Tabla 2.
Distribución de frecuencias de la profesión de las madres
Respecto al trabajo de
los padres, el padre trabajaba en la mayoría de los casos (84%), seguidos
por los que estaban en el paro (15%) y jubilados existía un pequeño
porcentaje (1%). La madre no trabajaba fuera de la casa en la mayoría de
los casos (52,7%), pero seguidas a poca distancia de las que trabajaban
(47,3%). (Tablas 3 y 4)
Tabla
3. Distribución de frecuencias respecto al trabajo del padre
Tabla 4.
Distribución de frecuencias respecto al trabajo de las madres
De las
variables cuantitativas analizadas la edad media de los niñ@s de nuestra
muestra fue de 2 años y ocho meses, la media de la posición que ocupaban
en la familia era del segundo, la media del número de herman@s fueron dos,
la edad media de la madre fue de 31 años y del padre 34, teniendo un
tiempo medio de paro el padre de 16 meses y la madre de 15 meses.
Los
resultados obtenidos en la determinación de la consistencia interna del
instrumento utilizado están detallados en la tabla 5.
Tabla 5.
Consistencia interna del CBCL mediante el Alpha de Cronbrach
Cuando
agrupamos las subescalas cognitiva, somática y emocional en Subescala
Internalización y la conductual en Subescala Externalización el Alfa de
Cronbrach que obtenemos lo reflejamos en la tabla 6.
Tabla 6.
Consistencia interna del CBCL mediante el Alfa de Cronbrach
Como se
puede observar en la tabla 7 las correlaciones de las distintas subescalas
con la puntuación total fueron todas mayores de 0,4, es decir, con una
consistencia suficiente y la correlación de las subescalas con ellas
mismas puede observarse en la tabla 8
Tabla 7.
Correlación entre la puntuación TOTAL del CBCL y sus subescalas
Tabla 8.
Correlación de las distintas subescalas con ellas mismas
Los
resultados obtenidos utilizando distintos puntos de corte (percentiles 25,
50, 75 y 95), teniendo como referencia las frecuencias de la puntuación
total y de las subescalas del CBCL en los cuatro percentiles, están
reflejados en la tabla 9.
Tabla 9.
Distribución de frecuencias en la puntuación del CBCL.
Puntos de corte: percentil 25, 50, 75 y 95
En cuanto
a los resultados del CBCL, la media de la puntuación total y de las
subescalas emocional, conductual, cognitiva y emocional exponemos sus
medias, desviaciones estándar, error estándar y rango en la tabla 10.
Tabla 10.
Medidas centrales y de dispersión del CBCL
Las
distribuciones de frecuencias de las alteraciones del desarrollo en el
niñ@, en función de los percentiles 25 al 95, pueden verse en la tabla 11.
Tabla
11. Distribución de frecuencias de las alteraciones del desarrollo
infantil
según los percentiles 25 a 95
Tabla 12. Valor
de los percentiles 25, 50, 75, 90 en los resultados de la Escala CBCL
Tabla 13. Tasa
de prevalencia de los trastornos mentales en preescolares
Tabla 14. Tasa
de prevalencia de trastornos de conducta en preescolares
Tabla 15. Tasa
de prevalencia de trastornos cognitivos en preescolares
Tabla 16. Tasa
de prevalencia de trastornos emocionales en preescolares
Tabla 17. Tasa
de prevalencia de trastornos somáticos en preescolares
Como puede
observarse en las tablas, hemos considerado “casos clínicos” los niñ@s que
presentaban puntuaciones en el CBCL por encima del percentil 75, con esta
consideración, la tasa de prevalencia de trastornos mentales que hemos
obtenido en la muestra de preescolares es del 25%, la de los trastornos de
conducta ha sido de un 24,46%, de trastornos cognitivos un 4,7%, de
trastornos emocionales 20,2% y de trastornos psicosomáticos un 17%.
Discusión y comentarios
El perfil más frecuente del niñ@ del estudio es: varón de 2
años y ocho meses, es el segundo de dos herman@s, escolarizado en
guardería, la madre tiene 31 años y el padre 34, ambos han estudiado EGB,
pertenecen profesionalmente al sector de la industria y la construcción,
el padre trabaja y la madre está en el paro.
Existen distintos métodos para la evaluación en el niñ@ de las
alteraciones del desarrollo (aspectos cognitivos, conductuales,
emocionales y psicosomáticos), pero uno de los más adecuados por su
sencillez, fiabilidad, validez, poder discriminante y aplicación
transcultural y transracial lo constituye el CBCL de Achenbach y
Edelbrock, que además ha demostrado su validez como herramienta de
investigación. Una de las primeras aplicaciones que se le dio al CBCL fue
la de discriminar entre niñ@s normales y con alteraciones de conducta, que
posteriormente podrían ocasionar trastornos psiquiátricos. La convergencia
entre los diagnósticos realizados mediante CBCL y otros métodos, como
criterios de caso DSM-III, fue bastante alta, y pudo señalar con mucha
fiabilidad aquellos niñ@s susceptibles de evaluaciones más profundas y/o
tratamiento. Así pues, la correlación entre el CBCL y los diagnósticos
obtenidos mediante entrevista clínica fue de 0.42. En un estudio realizado
por Verhulst (1985) se compararon varios métodos diagnósticos con la
entrevista clínica tradicional y posterior clasificación de la patología
mediante los criterios DSM-III. Se utilizaron ANOVA y análisis
discriminante y el resultado fue que de todos los métodos comparados el
que más discriminaba entre niñ@s con y sin patología fue el CBCL. En 1993,
Koot (8) establece de forma clara la utilidad del CBCL como método
diagnóstico y de screening, así como de herramienta de investigación.
Achenbach, en su "Manual for the Child Behavior Checklist/2-3 and 1992
Profile" da una larga lista de sugerencias para la aplicabilidad práctica
de este test, una de ellas, muy importante, es la aplicación del mismo,
una vez diagnosticado el proceso y recibido el tratamiento que proceda,
como método de evaluación de éste; otra, que ha sido aprovechada por
nosotros para la realización de este estudio, es la de su utilidad como
herramienta de investigación. En 1993 se publica un artí donde se
referencian los más de 1000 estudios realizados utilizando el CBCL.
Se ha demostrado que la aplicación del test tiene un buen poder
predictivo, y así Koot (9) en 1992 aplicó el CBCL a 1052 niñ@s de 3 a 12
años, y comprobó que la mayoría de los niñ@s, a los que se detectó algún
tipo de problema, tuvieron necesidad posteriormente de acudir a centros de
educación especial y/o a centros de salud mental. Otros autores
posteriormente comprobaron lo mismo. Más aún, se pudo predecir patología
psiquiátrica que esos niñ@s tuvieron de adultos. Por otro lado, pasando el
test a niñ@s que ya acudían a estos tipos de centros y a otros
pertenecientes a un grupo control, los primeros exhibieron puntuaciones en
el test significativamente peores. La mayoría de los autores revisados
afirman que el CBCL tiene aplicabilidad transcultural y transracial, y que
en lo único que podría influir el nivel cultural de los padres o su
estatus socioeconómico, es en que estos niñ@s, si pertenecen a un nivel
sociocultural bajo, posiblemente sean llevados en menor proporción a
consultas de pediatras, guarderías o cualquier otro sitio donde pudiera
aplicarse el test de forma sistematizada. Han sido realizados estudios
para comparar poblaciones diversas como USA, Alemania, Islandia, Chile,
Francia, Canadá y Méjico, probándose la validez transcultural y
transracial. Ha demostrado ser útil para valorar competencias y
habilidades sociales, así como problemas de conducta en niñ@s cuyos padres
se han sometido a programas de tratamiento. informa sobre problemas de
conducta y competencias adaptativas. las conductas evaluadas se agrupan en
dos grandes bloques de interiorización y de exteriorización. las
características psicométricas de fiabilidad y validez del CBCL/2-3 son
adecuadas (Arnold y O´Leary, 1995). la adaptación y baremos para la
población española ha sido realizada por de la Osa, Ezpeleta y Navarro
(1996)(10) y por Pedreira, Matarranz, de los Heros y Magro (1998) (11).
La consistencia interna del CBCL fue testada mediante el Alfa de Cronbrach
(Tabla 1), que aportó resultados del 0.80 para la puntuación TOTAL del
test y del 0.84 para la subescala “conductual”. Las subescalas “somática”
y “cognitiva” tuvieron resultados del 0.62 y 0.52 y la puntuación más
baja, del 0.35 fue para la subescala “emocional”. Acorde con la
literatura, consideramos niveles de 0 a 20 como pésimos, del 20 al 40 como
malos, del 40 al 60 como discretos, del 60 al 80 como buenos y del 80 al
100 como muy buenos. El haber obtenido niveles más bajos en la subescalas
"psicosomática", “cognitiva” y “emocional” podría deberse a varias
razones: en primer lugar, al ser un cuestionario contestado por los padres
los datos que se refieren a conductas “internalizadas” (subescala
somática, emocional y cognitiva), que son las que obtenemos puntuaciones
más bajas, depende su puntuación del estado psicológico y afectivo de los
padres y de su capacidad perceptiva; además, es posible que en una
casuística mayor el nivel de consistencia interna del CBCL hubiera
aumentado en estas subescalas. La inclusión o exclusión de los ítems en
cada subescala se realiza a criterio del investigador, aunque en nuestro
caso la selección de los ítems para la medición de las distintas
subescalas se hizo acorde a lo manifestado en la literatura, por esta
razón no sabemos si la inclusión de algunos ítems en las mismas o la
exclusión de algunos de los que se incluyeron, pudiera variar estos
niveles de Alfa de Cronbrach. No obstante, al agrupar los ítems en
“interiorización” y “exteriorización” el alfa de Cronbrach que obtenemos
es “muy bueno”, 90 para “interiorización” y 87 para
“exteriorización”(Tabla 2). Por tanto, los valores obtenidos para el Alfa
de Cronbrach del instrumento sugieren que los resultados descritos para la
aplicación del CBCL pueden ser utilizables, si bien con la prudencia
acorde a cada caso del análisis, según los valores de la escala.
Pero además, la objetividad de los resultados obtenidos debe afrontar las
siguientes limitaciones: por un lado depende de la colaboración voluntaria
de los padres del niñ@ y, por ello. puede verse influenciada por la
predisposición de los mismos a contribuir en el estudio o la negativa a
dicha contribución, debido a factores ajenos a nuestro control
(experiencias pasadas, nivel cultural). Por otro lado, la respuesta de los
padres ante una conducta determinada del niñ@ puede, en el mejor de los
casos, ser subjetiva y en el peor falsa, al considerar la madre que ese
tipo de conducta pudiera ser "vergonzante" o no adecuada en su hij@ y no
querer admitirla públicamente.
Dependiendo del punto de corte utilizado
en cuanto a la puntuación total del test, la sensibilidad y especificidad
del mismo varía. Así por ejemplo Nolan (1996) utilizando un punto de corte
de 60 (puntuación total del test) para la división entre niños con retraso
y sin él, obtuvo una sensibilidad del 77,4% y una especificidad del 83,2%,
en cambio si utilizaba como punto de corte la cifra de 63, conseguía una
sensibilidad del 70,5% y una especificidad del 88,6% (la puntuación media
de los niñ@s con problemas en su estudio fue de 67), aunque con algunas
limitaciones estos puntos de corte han resultado ser útiles para la
evaluación de los niñ@s. Posteriormente Koot (1993), en su estudio sobre
los problemas de conducta en los niñ@s alemanes, arrojó una sensibilidad
del 80% y una especificidad del 69%, lo que en términos de eficacia supuso
el 73%, es decir, un buen poder discriminante. Tanto en el trabajo
realizado en Holanda por Verhulst y cols. (1985) (12) como en España por
Pedreira Y Sardinero (1996) (7), se constata que la escala de factores
sociales no adquiere una consistencia suficiente para ser utilizada en la
evaluación por lo que sólo debe ser usada como descriptora, sin embargo
las escalas conductuales adquieren una consistencia interna suficiente y
superponible a la obtenida por el resto de las investigaciones.
Para medir los resultados hemos considerado la puntuación total del CBCL y
de las subescalas, considerando por una parte el valor medio de éstas y
por otra parte considerándolas desde los percentiles 25, 50, 75 y 90. Los
casos en los que la puntuación total del CBCL estaba por encima de 60 los
hemos considerado como patológicos. Por otra parte, en cuanto a la
puntuación por percentiles, hemos considerado el percentil 75 como punto
de corte dado que es el más utilizado en la literatura para evaluar los
retrasos del desarrollo (Achenbach, Verhulst, Pedreira...), considerando
como patológicos los casos que estaban por encima de este percentil y “no
casos” los que estaban por debajo de este percentil. En la Tabla 12
señalamos el valor de los percentiles 25, 50, 75 y 90 en los resultados
que hemos obtenido en la Escala CBCL. La proporción de niñ@s con retraso
en el desarrollo encontrada en nuestra muestra varió en función del
percentil de corte utilizado para tal fin (Tabla 7), pero las cifras
oscilaban desde el 74,3% (puntuación total del CBCL), siendo muy
conservadores y utilizando el percentil 25, al 4,3% (subescala
Conductual), siendo más agresivos y utilizando el percentil 95. Drillien
(1980) estima cifras respecto al retraso en el desarrollo cognitivo en
torno al 10%, si bien estas fueron estimadas a través del cociente
intelectual, por lo que no podemos saber qué porcentaje estimado se
hubiese obtenido utilizando el CBCL. Koot (1993) tomando la muestra de un
estudio anterior de Rotterdam, encontró que niñ@s de dos a tres años que
habían sido definidos por sus padres como difíciles o problemáticos, se
ubicaban por encima del percentil 98 al ser evaluados con el CBCL para dos
y tres años. Las desviaciones de comportamiento no deben ser miradas como
equivalentes a diagnósticos psiquiátricos, sin embargo, en diagnósticos
comparativos estos comportamientos desviados proporcionan valores de
confianza relativos de condiciones psicopatológicas entre niñ@s del grupo
de la edad estudiada.
Los resultados de este estudio ponen en evidencia que la presentación de
trastornos mentales en la etapa preescolar (2-3 años) es frecuente en las
consultas de pediatría de Atención Primaria, existiendo en nuestro estudio
una tasa de prevalencia del 25%, resultado mayor que el aportado por otros
autores. Sabemos que existe una baja proporción de derivación a las
Unidades de salud mental infanto-juveniles, por tanto consideramos
necesario diseñar intervenciones adecuadas para ese rango de edad teniendo
en cuenta la morbilidad que permanece oculta para el juicio pediátrico.
Bibliografía
1. Koot H
M, Verhulst F C. Prevalence of problem behavior in Dutch children aged
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Psychology and Psychiatry 1975; 16: 277-287.
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