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El Dr. Joaquín DIAZ ATIENZA, trabaja en el Centro de Salud Mental de Almería en la Unidad de Psiquiatría Infanto-Juvenil. El Dr. DIAZ ATIENZA es un experto en el área Infanto-Juvenil. Trata habitualmente estos casos y es una refrencia a consultar en temas relacionados con el comportamiento en la infancia y la adolescencia. Todos sus trabajos estan publicados en la página WEB: http://www.paidopsiquiatria.com En concreto sobre el Trastorno Límite de Personalidad, el Dr. DIAZ ATIENZA dice: |
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"Sabemos que, por cuestiones estadísticas y de investigación, los criterios de edad para poder hablar de Trastorno de Personalidad es los 18 años. Sin embargo, igualmente, sabemos que esto no es cierto: El TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD se configura como núcleo conductual anómalo mucho antes. Conocer esto significa que podemos implementar medidas preventivas desde la infancia, primero determinando factores de riesgo temperamentales y conductuales (prevención primaria) y, segundo, aplicando las medidas terapéuticas pertinentes (prevención secunadaria)." |
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LA VIOLENCIA ESCOLAR: DIAGNÓSTICO Y PREVENCIÓN Díaz Atienza, Joaquín RESUMEN La violencia escolar existe en la medida que esta existe en la sociedad. En ella confluyen una serie de variables personales y psicosociales que la desencadenan y la mantienen. En el presente trabajo de revisión analizamos las posibles causas que la originan y proponemos un programa de prevención y de intervención que no solo contempla el ámbito escolar, sino también el contexto social inmediato de donde deriva.PALABRAS CLAVE: Violencia, escuela, diagnóstico, prevención |
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CAUSAS DE LA VIOLENCIA ESCOLAR La violencia escolar hay que estudiarla desde una perspectiva multicausal. En ella se encuentran implicadas variables vinculadas al individuo, la sociedad y el propio centro escolar. No entender la violencia escolar, y juvenil en general, desde una perspectiva amplia, es entrar en aspectos particulares que impiden una actitud auténticamente preventiva. La exposición de que realizamos se sustenta en los Modelos de Salud Pública. Si bien, por una cuestión puramente didáctica, los aspectos etiológicos los abordaremos por separado, aunque sabemos que se trata de una problema complejo en donde, dependiendo de la situación, el peso de cada variable será distinto.1.Riesgos relacionados con el niño. Primero consideramos los aspectos relacionados con la psicopatología que hacen especialmente vulnerables a los niños y jóvenes que la padecen. Posteriormente, analizaremos los factores de riesgo comunitarios y ambientales.
Los trastornos que estudiamos a continuación se caracterizan únicamente por favorecer la aparición de acting agresivos en los niños y adolescentes, aunque en modo alguno estos trastornos conllevan la agresividad como repertorio conductual intrínseco al padecimiento padiopsiquiátrico. Se necesita de la confluencia de otras circunstancias para que la agresividad aparezca. La condición psicológica sirve como un sustrato facilitador que hay que valorar en todas las circunstancias porque implica planteamientos integradores en los abordajes terapéuticos, que de no implementarse, la intervención estaría condenada al fracaso. Por tanto, no es suficiente una lectura psicosocial o psicopedagógica de la violencia. Trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Como sabemos, la hiperactividad se caracteriza por tres síntomas básicos: el déficit atencional, la hiperactividad y la impulsividad. Aunque estos son los síntomas, diríamos, nucleares de trastorno, normalmente viene asociado a otros, en mayor o menor grado, como los déficits específicos del desarrollo, los problemas de conducta y la ansiedad. Sin embargo, el niño con excesiva inquietud motora es fundamentalmente disruptivo, aunque no necesariamente agresivo. Es más, normalmente su impulsividad e inquietud pueden llevarlo a una situación de rechazo por parte de sus compañeros. Entonces ¿Cuándo un alumno con hiperactividad es especialmente vulnerable a cometer agresiones?. Cuando la impulsividad es un síntoma predominante y sobre todo cuando va unidad en igualdad de intensidad con la hiperactividad y con un temperamento hiper–reactivo. El máximo riesgo se da cuando en el niño hiperactivo, conjuntamente con las anteriores, confluyen otras circunstancias:
Sería el trastorno paradigmático cuando hablamos de psicopatología y violencia. Sin embargo, existe gran confusión sobre el valor que este trastorno adquiere en la etiología de la violencia, sobre todo, cuando nos referimos a la infancia. Un término confuso en su diagnostico y con planteamientos evolutivos desesperanzadores. Efectivamente, muchos investigadores en este campo lo consideran como un trastorno crónico y con una evolución, casi inevitable, hacia el trastorno disocial en la vida adulta. Los criterios diagnósticos hacen referencia a un patrón conductual caracterizado por la presencia de agresiones recurrentes a personas y / o animales, destrucción de la propiedad, robos y violaciones repetidas y graves de las normas. Según la edad de presentación, suelen clasificarse en trastornos de conducta de inicio infantil (antes de los 10 años) y en la adolescencia (después de los 10 años). Pueden ser considerados, según la intensidad y frecuencia de los síntomas como leve, moderado y grave. El patrón psicopatológico se caracteriza por los aspectos siguientes:
Trastorno Desafiante Se define como un trastorno caracterizado por presentar "un patrón recurrente de conductas negativistas y desafiantes, desobediencia y hostilidad frente a las figuras de autoridad". El perfil psicopatológico consiste en:
Trastorno Explosivo Intermitente Consiste en la presentación de episodios aislados de agresividad, violencia o destrucción de la propiedad. La agresividad es desproporcionada al estímulo que la provoca y no se explica por otros tipos de patologías, como la epilepsia temporal, por ejemplo. Respecto a la prevalencia, no existen datos epidemiológicos fiables. Pueden asociarse a pacientes con Trastorno Obsesivo Compulsivo, paranoides y en situaciones post-accidentes, en situaciones de estrés sostenido y fracaso académico. En niños es poco frecuente, siendo su aparición en la adolescencia. Trastorno Adaptativo con Alteración mixta de la Emoción y de la Conducta Se define como una reacción emocional y conductual exagerada a un estresor psicosocial identificable. Puede alterar la relación social y el rendimiento académico. Si no se resuelve antes de los seis meses decimos que es una reacción complicada. Se han encontrado algunos estresores como: cambios de domicilio, cambios de colegio, cambios de profesor/a, separación o divorcio de los padres, muerte de algún amigo íntimo o familiar y las agresiones físicas y sexuales. Es importante considerar que este trastorno puede simular otros trastornos:
Normalmente estos pacientes responden bien al tratamiento.
Hemos vistos los factores de riesgo vinculados estrechamente a la psicopatología. Cuando hablamos de riesgo psicosocial, entendemos por ello la interacción entre variables de tipo social y perfil psico(pato) lógico del individúo. En este sentido, cuando nos referimos a un bajo nivel intelectual como factor de riesgo, hay que plantearse la posibilidad, tanto de que el problema de conducta esté detrás del bajo rendimiento académico como la existencia de los déficits neurocognitivos o la coexistencia de ambos. Respecto al género como riesgo, igualmente, se han planteado una serie de interrogantes para los que aún no se ha dado una respuesta: ¿El hecho de que los problemas de conducta sean más frecuentes en niños que en niñas, se debe a diferencias constitucionales ligadas al sexo, a diferentes formas de educar, a que las mujeres expresan las disconductas de forma diferente (por eje. Una sexualidad precoz)? ¿O es la confluencia de todas ellas y con qué peso?. En cuanto al temperamento como riesgo, sabemos que cuando éste es hiperreactivo producen mayor número de conflictos entre los padres con pautas educativas anómalas. Parece que esta característica temperamental origina con más frecuencia la denominada Escalada de Interacción Coercitiva que, gráficamente, podríamos resumirla como sigue: Demanda al niño => niño no obedece => padre grita => niño no obedece y grita => el padre agrede => el niño agrede al padre => padre protesta y se retira. La situación anterior da lugar a una serie de aprendizajes: El padre al no conseguir controlar la situación experimenta un sentimiento de ineficacia y el niño consigue lo que desea y aprende a conseguir lo que desea a través del enfrentamiento y la desobediencia. Si este aprendizaje se generaliza a otros contextos, el niño realizará sus demandas utilizando métodos coercitivos. Pero no todos los investigadores del temperamento están de acuerdo en que actúe como un terreno vulnerable frente a la violencia. Sin embargo, hay otros que justifican la vulnerabilidad a través de los resultados de algunos estudios longitudinales que han evidenciado que niños hiperactivos a los tres años, a los siete eran más agresivos, manipuladores, indisciplinados y más transgresores de las normas. Los déficits en el desarrollo neurocognitivo tendrían como consecuencia mayores dificultades en el desarrollo de la conducta prosocial, dificultades en la demora de la satisfacción, dificultades en la valoración de las consecuencias, dificultades en establecer la relación castigo/transgresión, falta de habilidades para la planificación y déficits en el aprendizaje a través de consecuencias negativas. La violencia escolar se ha estudiado, igualmente, desde la perspectiva del Modelo de Aprendizaje Social. Este modelo propone cinco pasos en el aprendizaje: registro de la demanda social, interpretación de la demanda, buscar una respuesta adaptada a la demanda, decidir el tipo de respuesta y emisión de la respuesta. Los niños agresivos y violentos interpretan la demanda social con mayor hostilidad condicionando el tipo de respuesta. Los abusos sexuales y/o físicos pueden dar lugar, tanto a trastornos internalizantes (depresión/ansiedad), como a externalizantes (trastornos disruptivos). Por ello, se ha puesto, igualmente, en relación con la violencia. Las anormalidades en el vínculo afectivo, pueden presentarse en situaciones de estrés y dificultades intrafamiliares, familias sin apoyo social, algunos trastornos psicopatológicos en los padres, y los problemas graves de salud en el niño. Cuando existe una alteración vincular, suelen ser niños con baja autoestima, inseguros y con baja competencia en habilidades sociales, siendo un buen factor de vulnerabilidad para la violencia escolar. Como riesgos ligados al ambiente familiar, y no específicos, podemos citar los siguientes:
Finalmente, algunos factores de riesgo ligados a la comunidad o riesgos comunitarios que se han puesto en relación con la violencia escolar, aunque en este caso tampoco pueden ser considerados como específicos, ya que se presentan relacionados con otros problemas psicológicos y conductuales, son: La carencia de estructuras asistenciales y de apoyo comunitarios (aislamiento), sociedades en crecimiento sociodemográfico rápido y procesos adaptativos ligados a la inmigración, alojamientos o vivienda precarios y el paro. PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA ESCOLAR La definición y las posibles causas que determinan un problema de salud son fundamentales a la hora de establecer programas de prevención. En el tema que nos ocupa, debemos tener en cuenta que la violencia como manifestación conductual es un problema BIOPSICOSOCIAL y no solo un problema escolar. Igualmente, parece ser que el incremento de la violencia escolar va paralelo con el incremento de esta en las sociedades urbanas. Por tanto, si su origen es multicausal, su disminución vendrá dada a través de la aplicación de PROGRAMAS MULTIDIMENSIONALES, en los que es necesaria la participación de:
1.1 Respecto a la política de prevención: El proyecto debe redactarse de forma clara, precisa y comprensible para todos los estamentos y personas implicadas. Debe estar en armonía con el programa el que se apoya. Debe contemplar, no solo las agresiones de hecho y la aplicación de la tolerancia cero, sino, igualmente, prevenir las situaciones de posible violencia. 1.2 Respecto a los programas:
Otras medidas o recomendaciones suelen ser que ante la necesidad de realizar comunicados a la prensa siempre debe recaer sobre la misma persona, debe crearse entusiasmo por parte de todas las partes implicadas con objeto de optimizar la adherencia y, finalmente, el programa debería contemplar la enseñanza a los docentes en técnicas de resolución de conflictos y de colaboración con otros organismos. PROGRAMAS DE PREVENCIÓNSon bastante numerosas las posibilidades de intervención (Tabla – 2 ). Todas ellas se han implementado con diferentes resultados. Nosotros realizaremos un breve recorrido por cada uno de ellos, aunque desarrollando más detenidamente los denominados Programas Proactivos o de orientación Comunitaria.Tabla – 2: Tipos de Programas Preventivos
Los
Programas de Intervención /sanción (tipo – I)
son de
naturaleza reactiva.
Se actúa
cuando un individuo emite una conducta violenta y se basan en el
principio de que la mejor forma de prevenir la violencia escolar es
hacer saber que un determinado acto de indisciplina frente a un código
de conducta conlleva una consecuencia. Es la filosofía de los
denominados programas de "Tolerancia Cero".
Los
Programas de Conducta Esperada (tipo – II)
se basan en el principio de que cuando existen unas reglas de
convivencia justas, que se han hecho explícitas y son equitativas, se
impide la conducta inaceptable. Estos programas, aunque contemplan
consecuencias, esta no es su filosofía, son que conllevan una actitud
preventiva (se interviene antes de que aparezca la violencia).
Los
Programas de Detección /Prevención (tipo – III)
implican una política de detección precoz de las causas que producen
la violencia a través del desarrollo de actividades que reduzcan la
violencia y favorezcan relaciones interpersonales positivas. Se basan en
el principio de que "el conflicto es inevitable", por tanto, hay que
enseñar a los alumnos a saber reaccionar positivamente ante situaciones
potencialmente conflictivas.
Los
Programas de Orientación Comunitaria o Proactivos (tipo – IV)
MODELO PROACTIVO O COMUNITARIO Clásicamente, la Salud Pública distingue entre Prevención Primaría, Secundaria y Terciaria. Es decir, la primera actuaría sobre las causas, la segunda sería la detección e intervención precoz, y la tercera la actuación sobre la violencia declarada con medidas de rehabilitación y reeducación. En el tema de la violencia, como en cualquier otra situación en donde no conocemos con precisión las causas que producen el fenómeno que queremos prevenir, tenemos la necesidad de realizar una serie de intervenciones generales y, la mayoría de las veces, inespecíficas que debemos contrastar periódicamente a través de los resultados obtenidos.
Consiste básicamente, en el desarrollo de medidas encaminadas a modificar aquellas situaciones socio-culturales que favorezcan la violencia y no difieren de las medidas generales de otros programas:
Sensibilizar
al
público en general con objeto de que adquieran compromisos con la
prevención de la violencia en el contexto escolar.
Intervención Comunitaria Establecer programas de Intervención desde las guarderías, preescolar y secundaria que favorezcan conductas prosociales. Reglamentación que regule la emisión de programas violentos en la TV cuando exista una audiencia mayoritariamente infantil Lucha
contra el consumo de
drogas
2
Medidas de prevención
secundaria
Nos plantea como actuar cuando la violencia ha aparecido. Existen algunas normas básicas que debemos seguir si queremos que las medidas a tomar sean realmente preventivas: la aplicación de castigos debe ser proporcional a la gravedad del acto violento y basados en
WEISSBERG y ELLIAS (1993) proponen integrar las actuaciones de prevención frente a la violencia en un marco integrado en un Modelo de Competencias Sociales y de Educación para la Salud. Estos autores encuadran la violencia en una visión extensa del concepto de salud y proponen una enseñanza planificada desde las guarderías hasta el final de la secundaria que contemple las diferentes fases del desarrollo psicológico. Se fundamenta en el aprendizaje de habilidades cognitivas y conductuales que generen actitudes, valores y una correcta percepción y de aceptación de las normas sociales. PROPUESTA CONCRETA DE UN PROGRAMA DE PREVENCIÓNDebemos diferenciar las actuaciones preventivas encaminadas a modificar la violencia y la indisciplina ocasional de las dirigidas a los alumnos que presentan trastornos de conducta. Sobre la primera deben desarrollarse Programas Específicos de Centro y sobre las segundas los Programas Comunitarios de Prevención. Programas Específicos de Centro Cuando realmente se intenta controlar la violencia escolar no son suficientes medidas puntuales y aisladas que de respuesta a actos de indisciplina concretos. Realmente la eficacia de un programa antiviolencia debe enmarcarse en su actuación en programas de actuación general a nivel, incluso, comunitario. Por tanto, el programa de centros podría ser considerado como un subprograma del comunitario. Igualmente, deben tener el apoyo, tanto de los padres como de los alumnos y profesores y sustentarse en la filosofía de tolerancia cero a la hora de aplicar las medidas disciplinarias. La aplicación de consecuencias se decidirá por una Comisión de Disciplina creada al efecto. A nuestro juicio un Programa de Centro estaría obligado a contemplar un mínimo de aspectos de violencia. Los que recogemos a continuación deben adaptarse a cada situación concreta, teniendo en cuanta las características sociales y de contextos de riesgo de la procedencia del alumnado. Estos supuestos mínimos podrían ser:
Existen una serie de indicadores que sirven para definir sujetos en riesgo para la cometer actos violentos, así como una serie de señales de advertencia antes de su manifestación. Por ello es importante tenerlas presentes e incluso contemplarlas de forma estandarizada en cualquier programa de centro.
Todos los aspectos anteriormente reseñados tienden al concepto de centro seguro y que podría definirse como aquel que mantiene una buena supervisión de acceso al centro, en donde la ratio alumnos/profesores es correcta, los ajustes de horarios tienden a minimizar el tiempo muerto en pasillos o lugares potencialmente peligrosos y con una supervisión eficiente durante los recreos. Estos aspectos deben complementarse con la prohibición de la salida de los alumnos del centro sin una causa que los justifique, la prohibición de reuniones, sin supervisión, en lugares potencialmente facilitadores de la trasgresión de las normas conjuntamente con una vigilancia efectiva de los alrededores del centro y coordinación con la policía para asegurar un entorno seguro. Por supuesto, las medidas anteriores, como venimos diciendo, deben adaptarse a los riesgos particulares de cada centro escolar, de los derivados de su entrono y de la procedencia del alumnado. Igualmente, la intervención preventiva se fundamenta en unos principios básicos para realmente pueda ser operativa y eficaz. En este sentido, la responsabilidad debe ser compartida estableciendo vínculos positivos entre el alumnado, el colegio, la familia y, en definitiva, la comunidad en donde se inserta. La comunicación con los padres de be ser sincera, objetiva. Se les debe escuchar e informar cuando sean observadas señales de advertencia en sus hijos. En las situaciones de caos o disfunciones graves de la dinámica familiar con tendencia a desplazar responsabilidades al centro, deberían ser los interlocutores de la Asociación de Padres los que comuniquen la situación de riesgo que presenta su hijo/a e informarles de las medidas que se tomarán de producirse. Esto último impide los recelos padres/profesores. Al mismo tiempo, se debe respetar la confidencialidad de las familias respecto a sus asuntos privados sin adoptar ni actitudes ni sugerencias que puedan ser interpretadas como una ingerencia en tales asuntos. El responsable de programa debería transmitir a los padres una serie de sugerencias que faciliten la operatividad del mismo: Que hablen con sus hijos acerca de la conveniencia de los programas de disciplina. Que animen e involucren a sus hijos en el cumplimiento del mismo. Hablar con sus hijos sobre la violencia en TV, videojuegos etc.. Que les enseñen la conveniencia de resolver pacíficamente los problemas. Animarles a que enseñen a sus hijos a expresar la frustración y la ira de forma no violenta o peligrosa para los demás. Enseñarles a tolerar las diferencias de forma tolerante. Generar mecanismos que les facilite el poder pedir ayuda y orientación si fuera necesario. Animarles a que consulten si sus hijos manifiestan preocupaciones sobre amenazas o acciones violentas. Si existen grupos juveniles de prevención de la violencia que participen. Que los padres participen en los foros que se desarrollen con relación a la violencia escolar. Respecto a como gestionar la aplicación de medidas, estas deberían ser ejecutadas sin demoras y generalizadas a otros contextos. Es difícil que tales conductas se limiten exclusivamente al ámbito escolar. PROGRAMA INTEGRAL DE INTERVENCIÓN PARA PROBLEMAS DE CONDUCTAHasta ahora hemos analizado sucintamente las causas de la violencia escolar y hemos planteado una líneas generales de actuación preventiva. En este apartado pensamos exponer un esbozo de los ejes necesarios en los que debe fundamentarse un Programa de Intervención si queremos realmente controlarla y no, simplemente, quedarnos en buenas intenciones. La violencia es una respuesta a la que tendemos los seres humanos cuando nos sentimos en peligro. Justamente cuando esta se constituye en una forma de reacción ante la aparición de estímulos cada vez menos específicos y se constituye en un patrón de conducta, una forma de funcionar, de obtener privilegios, o de imponer autoridad, es cuando debemos intervenir. Cuando la violencia no es grave, o es ocasional, debe ser abordada desde el propio centro. Cuando ella no es posible controlarla desde el centro o reviste especial gravedad, debemos generar unos recursos especializados de atención y tratamiento y con la idea de que se deteriore lo menos posible la continuidad en la escolarización de alumno. Hasta ahora, la forma de solucionar temporalmente el problema en el ámbito del colegio, es la expulsión temporal de alumno, medida que se ha transformado en un comportamiento fácil, pero a todas luces contraproducente ya que facilitamos su cronificación. El alumno desmotivado por la escolaridad encuentra en estas medidas el recurso fácil para evitar el colegio. Sin darnos cuenta estamos contribuyendo a la marginalidad y a la creación de futuros delincuentes. El Equipo de intervención y de infraestructura que proponemos no entra en análisis de costes económicos, aunque resolverá el coste social, familiar, escolar y las repercusiones negativas que sobre otros alumnos pueda tener la violencia escolar. No entrar en análisis económicos no quiere decir que presentemos un proyecto utópico, irrealizable y producto de una reflexión descontextualizada. Estas experiencias ya se están produciendo en otros países. Los recursos humanos y materiales que exponemos en este apartado no se refieren a cada centro, sino que estos deben implementarse sobre la base de la incidencia de los problemas de violencia. Las necesidades mínimas serán:
Serían alumnos voluntarios con habilidades de liderazgo y que actuarían como elementos sanos de cambio. Sus actividades estarían bien reguladas. 2 Recursos de infraestructuraDebe existir un espacio propio para el desarrollo de las actividades académicas y terapéuticas. Así mismo, dispondría de las condiciones de infraestructura y de material suficientes para poder realizar las actividades académicas, terapéuticas individuales, grupales y ocupacionales. Los talleres deben estar lo suficientemente dotados de recursos como para poder realizar programas de formación profesional. El horario sería de mañana y tarde con comedor incluido (Modalidad Centro de Día) Una vez detectado un problema de violencia en el centro, este será valorado por el Equipo Psicopedagógico o de Orientación Educativa que conjuntamente con el Equipo del Centro Especializado valoraría la conveniencia o no del tratamiento específico. Las indicaciones para el tratamiento especializado serían: Alumnos de secundaria. En aquellos casos en donde hayan fracasado las intervenciones específicas del centro. Cuando los problemas de conducta se produzcan conjuntamente (comorbilidad) con otras patologías paidopsiquiátricas (psicosis, déficits neurocognitivos importantes), se trabajará estrechamente con los dispositivos sanitarios (Unidades de Salud Mental Infanto-Juvenil). 4 Objetivos:Las actividades se estructurarán dependiendo del nivel hacia donde se dirija la intervención: encaminadas a actuaciones de prevención primaria, secundaria o terciaria. Las actividades hacia la prevención primaria, se realizarían en los centros escolares y consistirían el programas de formación, análisis de situaciones de riesgo, apoyo a la creación y seguimiento de los diferentes programas de prevención establecidos. Las
actividades en un nivel secundario de prevención
se refieren a la actuación sobre la violencia ya declarada. Por tanto, a
desarrollar en el centro especializado.
Este trabajo no dar una respuesta definitiva, ni pretender ser rígido en su aplicación. La violencia es un fenómeno complejo y de causas muy variables que van desde los personal a los social. Por ello, sirva solamente como un documento orientativo. ABSTRACViolence inthe school exist because he is present in the society. There is a ensemble of personal and psychosocial variables that produce it and maintain it. In this work we analyse the possible causes that originate it and we propose a prevention and intervention program that not alone envisages the school area , but also the inmediate social context from where derives. KEY WORDS: Violence, school, diagnostic, prevention BIBLIOGRAFÍA BARIOS, LC (2000): Preventing school violence: a time for hard, solid thinking. Inj Prev, 6(3):165-6.BORUM, R (2000): Assessing violence risk among youth. J Clin Psychol, 56(10): 1263-88. CEBALLO, R (2000): The Neighborhood Club: a supportive intervention group for children exposed to urban violence. Am J Orthopsychiatry, 70(3):401-7 FARRINGTON, DP; LOEBER, R (2000): Epidemiology of juvenile violence. Child Adolesc Psychiatr Clin N Am, 9(4):733-48 GUMPEL, TP; MEADAN, H (2000): Children’s perceptions of school-based violence. Br. J Educ sychol, 70(pt 3):391-404. HILTON, NZ; HARRIS, GT; RICE (2000): The finctions of aggression by male teenagers. J Pers Soc Psychol, 79(6):988-94 JAMES, WH; WEST, C; DETERS, KE; AMIJO, E (2000): Adolescence, 35 (139): 455-65 MILLER, TV; CLAYTON, R; MILLER, JM; BILYEU, J; HUNTER, J; KRAUS, RF (2000): Violence in the schools: clinical issues and case analysis for high-risk children. Child Psychiatry Hum Dev, 30(4):255-72. PURUGGANAN, OH; STEIN, RE; SILVER, EJ; BENENNSON, BS (2000): Exposure to violence among urban school-age children: is It only on television?. Pediatrics. 106:949-53 SOYIKO, K; LEE, MG (2000): Domesctic and school violence among high school students in Jamaica. West Indian ed J, 49(3):232-6. SULLIVAN, MP; KNUTSON, JF (2000): The prevalence of disabilities and maltreatment among runaway children. Cild Abuse Negl, 24(10):1275-88. SVETAZ, MV; IRELAND, M; BLUM, R (2000): Adolescntes with learning disabilities: risk and protective factors associated with emotional well-being: findings from the national longitudinal study of adolescent health. J Adolesc Health, 27(5):340-8 SCHWARTZ, D; PROCTOR, LJ (2000): Community violence exposure and children’s social adjustment in the school peer groups: the mediating roles of emotion regulation and social cognition. J Consult Clin Psychol, 68(4):670-83 |
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